Cyberfeminismo: Tecnologías de la subjetividad y políticas de género en las redes de la nueva comunicación
Ana Martínez-Collado

 

Apocalípticos, integrados, indecisos. Todo menos indiferentes. Las nuevas tecnologías de la información nos ofrecen aparentemente un nuevo panorama de construcción de subjetividad en el espacio virtual. Pero realmente como se pregunta Virilio seremos capaces de urbanizar, de hacer "polis"en ese espacio virtual. Ahora nos enfrentamos con una situación en la que el espacio público es reemplazado por la imagen pública. Asistimos lamentablemente al desarrollo de una "burbuja urbana virtual -escribe Virilio- en la cual el espacio público definitivamente ha cedido el lugar a la imagen pública"1 .


Tal vez la pregunta que quiero compartir con vosotros es la de cómo incentivar la creación de estructuras colectivas que nos permitan evitar el dictado de "Matrix", cómo imaginar dispositivos que impidan su construcción. Si el fin del mundo es imaginado como "el desierto de lo real" destruido por la dominación de lo virtual, de lo que se trata es de resistir a ese destino.

A lo que estamos asistiendo ciertamente es a la anulación de la distancia. Virilio señalaba los peligros de la pérdida de la ciudad real. La ciudad real desaparece, se desurbaniza justo hoy al borde de su implosión, al borde de su estallido catastrófico. "Pienso -escribe- que por culpa de las tecnologías estamos perdiendo el propio cuerpo en aras del cuerpo espectral, y el mundo propio, en aras de un mundo virtual"2 -del cibermundo-.

Jean Baudrillard nos propone otro término para definir esta situación actual de pérdida de distancia: el de "pantalla total". Escribe: "vídeo, pantalla interactiva, multimedia, Internet, realidad virtual: la interactividad nos amenaza por todos lados. Lo que estaba separado se ha confundido en todas partes, y en todas partes se ha abolido la distancia: entre los sexos, entre los polos opuestos, entre el escenario y la sala, entre los protagonistas y la acción, entre el sujeto y el objeto, entre lo real y su doble"3.El sujeto puede en primera instancia sentirse plenamente realizado, próximo a la felicidad. Pero cuando llega este punto "se convierte de forma automática en objeto y cunde el pánico"4.


En relación a la metaforización de la construcción de la subjetividad del siglo XXI nuestra posición es forzosamente contradictoria, ambigua, y demanda por tanto un compromiso. Pero no por ello huye del futuro. Wim Wenders hablando de su famosa película Hasta el fin del mundo (1990), reconoce que su película es una cascada de imágenes porque el futuro será una cascada de imágenes.Según él no se puede hacer una película de ciencia-ficción puritana.Escribe: "Si esta película es una mirada crítica dirigida hacia las relaciones futuras con la visión, no puede ser solamente crítica". No se puede hacer una película de ciencia-ficción contra el futuro. Y continúa: "No se puede hacer una película contra las relaciones con las imágenes y querer guardar imágenes sagradas".

Tampoco se puede entonces hablar de la construcción de la subjetividad, y prefigurarla solamente como el lugar de todos los monstruos, como el nuevo espacio de la codicia humana. El gran problema desde siempre y más ahora es el de saber quiénes somos y cómo podemos ser en este espacio de las redes de la nueva comunicación. Un espacio tremendamente atractivo, y al mismo tiempo un espacio lleno de peligros de dominación y perdida del control. A partir de una premisa que se impone como paradigmática de la condición postmoderna: la concepción de la identidad como una "construcción social".

El cyborg como metáfora del sujeto posmoderno

En este siglo que empieza el reto está en la forma que adoptará la figura del Cyborg. Cyborgs ya somos todos. Pero, ¿cómo seremos, qué rostro, qué género, qué identidad, qué sexualidad, ...?

"A finales del siglo XX todos somos quimeras, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo; en una palabra, somos Cyborgs. El Cyborg es nuestra ontología, nos otorga nuestra política"5, escribía Donna Haraway.

Donna Haraway es una de las teóricas más influyentes en el mundo académico y una de las pioneras en pensar las cuestiones de la identidad humana modificada irreversiblemente por las nuevas tecnologías, como propone en su célebre manifiesto, "Manifiesto para cyborgs" (1984).

La mitología del cyborg de Haraway está apoyada en la crítica al sujeto autónomo y centrado del modelo moderno. En el momento en que las nuevas tecnologías cibernéticas de poder comienzan a actuar y a penetrar en los cuerpos de las personas, empiezan a generar nuevos tipos de subjetividades y nuevos tipos de organismo: organismos cibernéticos, cyborgs.

Un cyborg que poco tiene que ver con los terminators quebrantahuesos a lo Arnold Schwarzenegger. Al contrario, un cyborg es un sujeto que se sabe "no todo", incompleto, "otro". Y que por tanto, se identifica a la postre con todos los "otros" -las mujeres, minorías étnicas y raciales, homosexuales, incluso como un otro "masculino" -pero en tanto que no dominante, en cuanto liberado él mismo de cualquier pretensión hegemónica, centrada, estable. La aventura del cyborg es, bajo esa perspectiva, la aventura misma del sujeto contemporáneo.

La imaginería del cyborg es una de esas figuras privilegiadas de lo moderno que ejemplifica el lugar de la contradicción -del peligro y de la esperanza. Por una parte, el cyborg es el lugar horror de las creaciones científicas, pero al mismo tiempo es la ficción del nuevo Prometeo del siglo XXI.

Ningún optimismo ingenuo, sin embargo, nos evita sentir un escalofrío hacia esas nuevas configuraciones posmodernas del poder en manos de las corporaciones multinacionales, los ingenieros genéticos o los magnates de los medios de comunicación. El manifiesto de Haraway es también un grito de alarma. Una llamada política y estratégica para evitar caer en una realidad marcada de nuevo por la opresión. Reclama una participación en la construcción de un futuro mejor. Escribe: "… nuestro reto es luchar por un cyborg emancipado: por la fluidez, por lo heteromórfico y por la confusión de los límites; por el control de las estrategias posmodernas, por las condiciones y las interfaces limítrofes…."

Cyberfeminismo

Hacer habitable la red, urbanizar este territorio expandido de las comunicaciones informáticas ha sido uno de las tareas que han convocado a muchos artistas, críticos, activistas políticos, e historiadores. La década anterior se ha desarrollado en el espacio cybernético motivada, con gran generosidad por muchos de sus pioneros, por un último aliento utópico -tal vez característico de todo fin de siglo- que intentaba aplicar los criterios de interactividad, y participación, bajo la perspectiva de hacer posible la globalización de la creatividad y la universalización de las libertades.

En este contexto, el cyberfeminismo se puede entendió como un espacio abierto de posibilidades que se dan para el pensamiento y el activismo feminista en la red
Recordemos que coincidiendo con los orígenes del Net Art algunas de las artistas más reconocidas de los ochenta-como Jenny Holzer, o Julia Scher- junto con otros artistas como Lawrence Weiner, estuvieron invitados por Benjamin Weil a experimentar con los procedimientos de Internet en uno de los web sites más míticos Äda'Web.

Sin embargo el momento álgido del cyberfeminismo se desarrolla cuando en septiembre de 1997 se celebró en Kassel la Primera Internacional Cyberfeminista en la Documenta X. Net artistas mujeres comenzaron entonces a ganarse una posición reconocida. Rachel Baker, Josephine Bosma, Shu Lea Cheang, y las VNS Matrix -un grupo de artistas y activistas de Adelaide (Australia) que escribieron ya en 1991 el primer Manifiesto Cyberfeminista-, todas ellas eran de las pocas mujeres que estaban haciendo importantes trabajos.

Internet en general vivía en aquellos años un momento de euforia y entusiasmo, y un movimiento tan plural y activista como el cyberfeminismo nacía en un clima de optimismo.

 

Muchas son las preguntas que podemos hacernos. Entre ellas, las que nos plantea Alex Galloway: "¿En qué medida nos marca sexualmente la tecnología?, ¿Se consigue desterrar la discriminación de Internet con el anonimato sexual del medio?, ¿Puede la tecnología ayudarnos a superar el patriarcado?"

 

 

 

De la virtualización a la materialización

Los teóricos de la red hablan ya de un segundo momento en lo que se refiere al ciberespacio. Aquel en el que dejemos de importar información a la realidad virtual -proceso de virtualización, para comenzar a desarrollar a través de la nanotecnología (esa ingeniería de ordenadores moleculares capaces de juntarse y de reproducirse solos en el interior de las células humanas), la biotecnología, la ingeniería genética (desarrollo de la clonación, reproducción asistida, selección de la especie), un proceso de materialización de lo virtual..


Organismos cybernéticos, androides, replicantes, humanos biónicos, hombre/máquinas e híbridos, los cyborgs representan una infamiliar "otredad" frente a la estabilidad de la identidad humana. Al cuerpo del cyborg se le considera transgresivo con el orden de la cultura dominante, y no tanto por ser una naturaleza construida, sino por su diseño híbrido. Están abiertos a todas las posibilidades del ser. No son seres que procedan de la transmisión especifica de un código heredado, sino el resultado de una ingeniería, del laboratorio, de una aplicación del conocimiento al deseo o la voluntad. Por esta razón, el cyborg nos proporciona también un contexto privilegiado para estudiar la identidad de género como resultado de una producción simultánea de materia y ficción, cuerpo y cultura.


 

 

 

 

 

 

En cualquier caso, la problemática del sexo y su relación con las nuevas tecnologías es una de las cuestiones más actuales que se plantean en el territorio de la red. Precisamente en el último Ars Electrónica 2000 -que se celebró en septiembre-, un festival que está programáticamente dedicado a explorar los caminos por los que los artistas y la tecnología pueden influir en los cambios sociales y políticos, tuvo como tema general: El próximo sexo. La sexualidad en la era de la procreación supérflua. Y su objetivo fue el de investigar combinando una aproximación científica y artística al mismo tiempo "los contornos de una sociedad -declaran los organizadores- en la cual el ser humano es genéticamente configurado -no simplemente nacido, sino fabricado-, en la cual el sexo es relevado de su función indispensable para la reproducción, y en la cual la batalla de los sexos tanto como los mecanismos morales en nuestra sociedad deben ser reorganizados". "Esta excursión en el futuro de la humanidad -continúan explicando- es significante en el trazado de las rutas por las que se encaminará nuestro futuro -una aventura en la cual el arte no debe permanecer excluido de la conciencia moral de la sociedad".


Esta problemática está generando sin duda un amplio espacio de debate en la red. Como por ejemplo, las actividades del grupo subRosa6, dedicadas a las relaciones entre el cuerpo femenino, la biotecnología y las técnicas de reproducción. O las distintas listas de correo y forums que plantean la cuestión entre tecnologías reproductivas y cyberfems.

Paradojas y peligros de la feminización cyborg

Feminización del cyborg como metáfora de la condición posthumana en la que los límites entre los sexos se hacen cada vez más borrosos. Esta confusión, sin embargo, no debemos olvidar que no siempre beneficia a las mujeres. O por lo menos debemos estar atentos a la recreación de un imaginario cuyas consecuencias aún no podemos calibrar.

En el caso, por ejemplo, de la ciencia-ficción las fantasías sobre el cuerpo femenino están relacionadas especialmente con el cuerpo reproductivo. Sistemas alternativos de procreación y nacimiento que en algunos casos remiten a lo monstruoso.

En Alien, clásico del género, el ordenador principal se llama "madre", y el monstruo es también una madre malvadísima, reproduciéndose como un insecto monstruoso que pone huevos en el estómago de la gente en un acto de penetración fálica por la boca. Madre como fuerza generadora omnipotente, prefálica y maligna. Un abismo.

Y en Matrix -útero universal- en el que todos estamos atrapados, y desde el que somos programados. Atrapados en su existencia -somos seres tejidos en la gran red de redes-, incapaces de escapar a la "otra" realidad más auténtica.

En el lugar de la mixticidad de los géneros, apropiación de la Gran Madre arcaica dominadora, castigadora, represora, recipiente todopoderosos de la vida y la muerte. Hélène Cixous o Julia Kristeva reivindicaron la fuerza de lo maternal como una fuerza propia de lo femenino que podía conducir a una "feminización de la existencia" en el sentido que estamos defendiendo de disolución en el lenguaje, de experiencia de fin de los sistemas dominantes, de las jerarquías.

Pero entonces, ¿qué significa esta apropiación de la "madre maligna?" ¿No estamos asistiendo a una nueva puesta en escena de los temores masculinos ante la mayor determinación y presencia de las mujeres? ¿No nos suena de nuevo la letanía de la mujer asociada a la maldad en este caso favorecida por las nuevas tecnologías?

Y aún nos podemos hacer más preguntas. ¿Qué consecuencias tendrá la reproducción tecnológica? ¿Será el espacio de liberación para la mujer, o será una expropiación forzosa, una nueva fuerza de poder, y de control? ¿Ejercida por quién? ¿Podemos confiar en que cuando llegue el momento tal vez las mujeres ya tengan una mayor capacidad en el control, programación y diseño de las nuevas tecnologías?

 

 

Activismo cyberfeminista frente a la pantalla total. El sueño de una urbanización dispersa.

Detrás de todo este trabajo creativo y teórico hay, insisto, una responsabilidad colectiva. Las metáforas de la pantalla total o la cyber-citta insisten en la pérdida de la distancia -de la diferenciación-. La sociedad del espectáculo ejerce sin tregua su poder sobre las industrias de la comunicación y la información. Y en estos últimos años estamos asistiendo a la ocupación de la red a través de los grandes portales, y las empresas de comunicación.

El hombre unidimensional marcusiano se desarrolla así mismo a través del avance las nuevas tecnologías. Y la red tiende a realizarse como su circuito integrado. El "Manifiesto para cyborgs " de Haraway sigue vigente como una llamada de alerta frente a las informáticas de dominación.

El efecto de "globalidad" de la red no puede realizarse bajo una figura de universalidad que suponga la denegación de las diferencias -sino justamente como expresión irrevocable de ellas.

Durante estos últimos diez años hemos asistido al desarrollo de distintos sites que han trabajado en esta dirección. Su presencia en la red, su trabajo a favor de la difusión de ideas, de trabajos de artistas, de chats, y de redes de comunicación, ha sido constante.

De entre todas ellas destacaría algunas como: Old Boys Network (OBN)7 -un consorcio de cyberfeministas integrado principalmente por europeos-, FACES SITTING8-dirigida por Kathy Huffman-, f-mail -dirigida por la artista Victoria Vesna también dedicada a la comunicación-, Axis: Foundation for Art and Gender9 . O las actividades de grupos como subRosa o DAM10 -un proyecto de arte público dirigido a insertar imágenes lesbianas en un contexto comercial.

Es evidente que las nuevas tecnologías no son en si mismas ninguna panacea de salvación, ni ninguna utopía realizada. Promueven el ejercicio de la palabra pública de las mujeres, pero también reproducen sus estructuras de desigualdad y de dominio.

El milenio se inaugura sin duda con operaciones de alto riesgo desde todos los puntos de vista político, económico, social, y por supuesto respecto a la subjetividad de los individuos. Sin duda la lucha de las mujeres ha sido y es imprescindible, pues la dinámica democrática sigue siendo insuficiente y los roles aplicados a los sexos se renuevan sin cesar. La batalla para alcanzar las metas pendientes requiere no sólo las transformaciones necesarias para que las mujeres adquieran las posibilidades estructurales para acceder al mundo del trabajo en plena igualdad de condiciones, sino además una feminización del poder, del capitalismo, de los imaginarios simbólicos de nuestra sociedad. Y esto como podéis suponer no es una tarea fácil.

En el último encuentro internacional cyberfeminista, organizado en 1999 por el grupo de Old Boys Network, las preguntas que reunían a las participantes insisten en luchar contra el dominio de la tecnología, cómo activar el Hakerismo, cómo hacer frente a la globalización. Y en el séptimo encuentro de Estudios de Performance Internacional en la primavera del 2001, se organizó un panel cyberfeminista para analizar su carácter nómada, de frontera, para explorar las transformaciones y transgresiones posibles en el ciberespacio.

Su deseo en ambos casos: potenciar la red de redes como única esperanza de imaginar un mundo distinto -como única forma de enfrentar la comunidad que viene.

No una comunidad regulada por los efectos de identidad, sino meras comunidades fluctuantes reguladas tan sólo por la instantánea y efímera expresión de la diferencia.

No es este, sin embargo, un alegato a favor de los nuevos medios. No hay inocencia en ellos, ni son en sí mismos ninguna salvación. Simplemente, son un medio cuyas potencialidades permiten aún ejercer una resistencia ante la esfera plana de los acontecimientos.La red como sueño de la urbanización dispersa.



Notas

1.Paul Virilio, Cibermundo ¿Una política suicida?, Dolmen Ediciones, Santiago, 1997, p. 47.^
2.Ibidém., p. 49. ^
3.Jean Baudrillard (1993), Pantalla total, Anagrama, Barcelona, 2000, p. 203. ^
4.Ibidém., p.207. ^
5.Donna J. Haraway (1984), "Manifiesto para cyborgs: ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo XX", en Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza (1991), Cátedra, Madrid, p. 254. ^
6.http://www.cyberfeminism.net/index.html ^
7.http://www.obn.org/index.html ^
8.http://thing.at/face/index1.htm ^
9.http://www.axisvm.nl/ ^
10.http://www.dykeactionmachine.com/ ^