En su última encarnación
está extremadamente voluptuosa. El bisturí afila sus uñas
que son discretamente retráctiles. El brazo vuelto hacia su espalda
no es, a primera vista, digno de atención. Encuentre a Molly en
la novela Neuromancer, de William Gibson, o a Melanie Griffith en la película
Cherry 2000 -sexy, resistente, distante y, últimamente una fantasía(1).
El poder que estas mujeres
manejan es perverso, tecnológico y, por supuesto, seductor. Ninguna
influencia o control que ellas ejerzan es claramente equivocado o accidental.
La poderosa mujer zorra/diosa, reina de hielo, androide, es representada
en la cultura popular como una Pandora del III milenio. Y la caja que sostiene
esta vez es electrónica y definitivamente bien conectada.
Relacionar la representación
erótica femenina con el a menudo terrible impacto cultural de las
nuevas tecnologías electrónicas no es un concepto nuevo.
El cine tomó la dirección del deseo de antropomorfizar máquinas,
y denigrar mujeres, tan pronto como apareció el culto clásico
de Metrópolis de Fritz Lang en 1927. Sexo, peligro, mujeres y máquinas:
el argumento de toda virtualidad futurista, películas de ciencia-ficción
en las que las mujeres no juegan un papel específico. Las "cyberfemmes"
están en cualquier lugar, pero las "cyberfeministas" son pocas y
están alejadas entre sí.
Omnipresente y omnisciente,
el significado de las nuevas tecnologías electrónicas, su
desarrollo, diseño, instrumentalización, y diseminación,
no puede ser ignorado y no debe subestimarse. Como quiera que sea, asuntos
económicos, de clase, nacionales, de individualidades, están
conducidos y definidos por las nuevas tecnologías electrónicas.
Inmersos como estamos en las aplicaciones populares de esas nuevas tecnologías
y los media, a largo plazo, el impacto llega a ser invisible.
En "In the Media Lab: Inventing
the Future at Mit", Nicholas Negroponte aparece citado diciendo: "Una vez
un nuevo roll tecnológico te rodea, si no eres dado a desvincularte,
pasarás a formar parte del camino"(2). Sin la celebración
del complejo industrial responsable del origen y desarrollo de estas nuevas
tecnologías, ¿qué alternativas quedan para las mujeres
que no están satisfechas con las normas que la cultura patriarcal
les ha designado? Ciertamente, no la asociación de feminismo y naturaleza
de eco-feministas y teóricas tan defendida por Camille Paglia. Ya
no es posible ni deseable para las mujeres capitular y retraerse ante esta
posición. El progreso de las nuevas tecnologías electrónicas
las arrojará al polvo.
Las mujeres no están
solas frente a la necesidad de entender como, por qué, y por quién
nuestro criterio y confianza por comprendernos a nosotros mismos, cada
uno consigo mismo y su relación con el mundo, ha sido despojada.
La disolución de los conceptos convencionales de tiempo y espacio
a través de los nuevos media y las tecnologías ha contribuido
a la aceptación y al éxito del nihilismo punk PuMo, del pluralismo,
de la diversidad, y a la desaparición de la historia dominante.
Simultáneamente, estamos siendo testigos de una crisis de identidad
individual y cultural mientras estamos enfrentados a la tarea interminable
de integrar los nuevos media electrónicos en nuestras vidas sin
perder el control.
El cyberfeminismo como filosofía
tiene el poder para crear una poética, pasión, identidad
política y unidad sin caer en una lógica y un lenguaje de
exclusión o apropiación. Esto ofrece un camino hacia la reconstrucción
de políticas feministas a través de la teoría y la
práctica con un punto central hacia las implicaciones de la nueva
tecnología más que sobre factores divisorios. Niega la orientación
hacia descripciones cuidadosamente realizadas de gente que valora algo
más que composiciones artificiosas. No es motivo para discusión
el que una mujer pueda ser definida como una lesbiana-separatista, pacifista,
o mujer de color, sino más bien, que podamos reconocer y acercarnos
al impacto personal y político que las nuevas tecnologías
electrónicas y los media tienen en la vida diaria. Las nuevas tecnologías
electrónicas actualmente son utilizadas para manipular y definir
nuestras experiencias. El Cyberfeminismo no acepta como inevitable las
nuevas aplicaciones de las tecnologías cuyos estereotipos culturales,
políticos y sexuales imponen y mantienen una cultura específica.
El creciente poder de las mujeres en el campo de los nuevos media electrónicos
solo puede ser el resultado de la desmitificación de la tecnología,
y de la apropiación del acceso a estos instrumentos. El Cyberfeminismo
es esencialmente subversivo.
Vancouver -basado en el autor
William Gibson, obtuvo su reconocimiento introduciendo el mundo del cyberespacio
en la cultura popular, definiéndolo en su novela Neuromancer como
alucinación consensual(3). De hecho, esta palabra puede usarse para
describir el espacio electrónico en todas sus manifestaciones, desde
la realidad virtual hasta la infraestructura de las telecomunicaciones
o Internet. Ilustrado en la reciente iniciativa de Clinton/Gore de los
US para regular Internet o la información superhighway, los gobiernos
están empezando a reconocerse como policía pública
del potencial comercial de los media, que han estado en proceso de desarrollo
durante varias décadas. Como era imaginable, feministas u otros
grupos marginados en este proceso de desarrollo y diseño, no han
sido solicitados o fomentados, ni en iniciativas públicas ni privadas.
En un futuro muy cercano,
líneas de influencia cultural podrán ser dibujadas en base
al acceso a los ordenadores y podrán ser leídas y escritas
en éstos. Es la llegada de una nueva política divisoria -aquéllos
que tengan acceso a los ordenadores, y puedan consultarlos y manejarlos
contra aquéllos que no. El North American Free Trade Agreement,
lugar de automatización y legislación por lo que se refiere
a Information Superhighway, es generalmente soportado por aquéllos
individuos, organizaciones, y corporaciones que tienen y promueven el acceso.
Aquellos que no consultan o manejan ordenadores, de hecho, son frecuentemente
tecnofóbicos, son críticos, pero no necesariamente constructivos
en su análisis de las nuevas tecnologías electrónicas.
Las nuevas tecnologías
electrónicas representan un círculo mágico desde el
cual las mujeres han sido tradicionalmente excluidas. Es cierto que existen
obstáculos definidos ante nuestra participación en el discurso
sobre la forma de las herramientas y las aplicaciones de los nuevos media
electrónicos. Las mujeres llevan mucho tiempo al margen de las instituciones,
los trabajos en la red y las estructuras que determinan donde y cuando
las aplicaciones de las nuevas tecnologías serán desarrolladas,
y cómo el potencial de éstos nuevos media es descrito. De
cualquier modo, la carencia de iniciativa, agresión, o determinación
no deberían ser conceptos utilizados por más tiempo para
justificar nuestra continua exclusión.
Un factor que contribuye
al desánimo de las mujeres en este ámbito se puede haber
trazado en base a la fundamentación histórica de estos media.
Internet, el mundo abierto de los trabajos en la red, fue originalmente
un pequeño trabajo militar en la red de cuatro ordenadores conocidos
como ARPANET. Este trabajo en la red fue diseñado para investigar
la posibilidad de crear un sistema descentralizado de comunicación
que pudiera sobrevivir a una guerra nuclear. Análogamente, VR (realidad
virtual) también tuvo orígenes militares, siendo inicialmente
considerado como una herramienta para simulaciones de campo de batalla.
Estos orígenes son claramente explicitados en cualquier libro o
artículo que describa el curso y las potentes aplicaciones de estos
sistemas. De todos modos, este candor es engañoso, no fueron construidos
como vínculos entre los orígenes de los media y el futuro
hacia el que éstos se están dirigiendo. Es obvio que asuntos
subyacentes se manifiestan en las aplicaciones populares de estos media.
La evidencia esta en vídeo juegos de tipo arcade como el Sega Genesis
Night Trap, que reta a los jugadores a salvar a sus escasamente vestidas
hermanas de la comunidad universitaria de una banda de asesinos encapuchados.
Margaret Benston, una activista
canadiense con experiencia en ingeniería e interés en dimensiones
científicas y tecnologías, en lo social y en lo político,
en el capítulo del libro tecnología y Voces Femeninas de
Chris Kramarae titulado Voces Femeninas/Voces Masculinas, describe la tecnología
como un lenguaje para la acción y la expresión personal (4).
Acceder a la maquinaria y a la tecnología ha sido culturalmente
considerado como una tarea masculina. A la hora de mantener el control
de las nuevas tecnologías, promoverlas y adherirse a un panorama
tecnológico del mundo, los hombres han intentado silenciarnos. Estemos
o no de acuerdo, la escena mundial está regida por conveniencias,
está claro que la carencia femenina en ese ámbito es un problema.
A pesar de estos obstáculos,
las mujeres tienen un éxito increíble al romper con estos
tópicos y al situarse en el interior del círculo. Concretamente
en filosofía y teoría cultural, de forma preocupante se esta
mostrando que el dominio por naturaleza de los hombres no ha suministrado
un fundamento adecuado para una visión digna de conducirnos hacia
el próximo siglo. A lo largo de este desolado y saqueado paisaje
están emergiendo teóricas feministas, hablando y reuniéndose.
Una nueva cadena de personas existente en el mundo está construida;
cada una remodela a otra; se redefinen a sí mismas; y reclaman las
nuevas tecnologías electrónicas para las mujeres.
Realidad virtual y cyberespacio-tecnologías
para una vida indirecta. La realidad virtual describe muy distintas experiencias,
incluida la transformación de objetos y espacios bidimensionales
a través de los media tales como la holografía; instalaciones
que poseen un uso múltiple en monitores de vídeo o proyecciones
para circundar al espectador; y la definición cabeza montada en
display, toca guantes y/o trajes de chaqueta sensitivos. Telepresencia
y cyberespacio, donde trabajos en la red de telecomunicaciones hacen posible
la interacción instantánea desde puntos remotos, también
han sido descritos comúnmente como espacios virtuales. La prueba
del impacto de muchas tecnologías (que han estrechado y retorcido
nuestro entendimiento del tiempo y del espacio, así como las limitaciones
de nuestra vulnerabilidad física) debe ser medida por la paranoia
con la que ellos se han inspirado. El cyberespacio ha llegado a ser un
fértil terreno de educación para múltiples personalidades,
llamativo, la electrónica sigue acechando y retorciendo el género
a lo más mínimo.
El cuerpo, en el espacio
virtual, no es un mero usuario-interface; VR ofrece la oportunidad como
parte del pago, remodelando, o incluso olvidando la naturaleza física
con la que estamos, en realidad, agobiados. Fuerzas exteriores con las
cuales se actuaba sobre nosotras, que imponían restricciones, quedan
lejanas. La gravedad, y las leyes físicas, quedan lejos. La entropía
y el pasaje del tiempo llegan a ser conceptos sin sentido. Las mujeres
siempre, por ritual o necesidad, han sido expertas en caída libre,
estableciéndose a sí mismas en la experiencia física
personal. Esta habilidad nos es útil, de la misma manera que nos
hemos aventurado en otras dimensiones y, después hemos vuelto a
casa. Por muy diestras que hayamos llegado a ser navegando en estos espacios
y olvidando nuestros cuerpos temporalmente, es dudable que alguna vez alcancemos
la inmortalidad. Lo virtual es un espacio ciego de patriarquía.
Paris is Burning, una película
de Jennie Livingstone, sobre el género, la identidad y el estilo,
documentos que fueron seguramente (antes de la introducción de la
tecnología basada en VR en la cultura pop) la última experiencia
virtual -pasear por una carretera, en Harlem, o bajo Wall Street travestido.
Transexuales, travestidos caminantes que compiten en la categoría
de ejecutivos, estudiantes, y modelos de modas, reconocen que el éxito
de la apariencia o la representación de estereotipos está
medido por la apariencia y la actitud. Lo "real" ha tenido siempre el criterio
sobreentendido de "pasar", y las mujeres (aquéllas que lo han evitado
siendo institucionalizadas para no "acomodarse a los planes de otro") han
llegado a ser expertas en ello.
A través de la Realidad
Virtual, la deconstrucción del género está introduciéndose
en la esfera de la cultura pop, y su nexo con la nueva tecnología
electrónica tiene implicaciones filosóficas del cyberfeminismo.
La convergencia tecnológica describe la unificación de computadores,
televisión y comunicaciones tecnológicas. De cualquier modo,
la convergencia describe mucho más que la evolución respecto
a un ambiente en el cual las tecnologías electrónicas son
persuasivas. La convergencia está teniendo lugar en más de
un nivel tecnológico algo así como en un nivel metafísico.
La convergencia cultural puede ser descrita como un encuentro o fundición
entre arte y tecnología. El cyberfeminismo se está introduciendo
en un área en la cual se intenta arrebatar algo más que género.
Multimedia, vídeo
interactivo, realidad virtual; para la mujer estas nuevas tecnologías
presentan oportunidades para romper la descripción de roles y ser
disidentes de diálogos escritos. Una madrigera de conejo en la que
podemos caer. Nuestras experiencias reales, cuando no han sido negadas,
han sido agradecidas sólo en su inmediatez. Nuestras historias individuales
y la tentativa de aislarnos o destituirnos a nosotras mismas de un contexto
patriarcal, ha sido siempre infravalorado y socavado. Hemos aprendido a
vivir con la mano en la boca. Infringiendo el orden y la organización
lineal de la información, las cyberfeministas reconocen la oportunidad
de redefinir la realidad, en nuestros límites y en nuestros intereses
y descubrir que la infraestructura de las comunicaciones electrónicas
o "matriz" puede ser el instrumento ideal de una nueva categoría
de feministas para recoger y jugar.
[Traducción, Esperanza
Collado Sánchez]
Notas
(1) Gibson, William (1984).
Neuromancer. New York, NY: Ace Books. p. 25
(2) Brand, Steward (Ed. )(1987).
The Media Lab: Inventing the Future at MIT. New York, NY: Viking. p. 9
(3) Gibson, William (1984).
Neuromancer. New York, NY: Ace Books. p. 51
(4) Kramarae, C (Ed. ). Tecnology
& Women's Voices. London, UK: Routled. p. 15
Nancy Paterson
Nancy Paterson artista Canadiense
(Toronto), trabaja en los media electrónicos, principalmente en
el campo de las instalaciones interactivas. Es artista asociada en el Bell
Centre for Creative Communications e instructora en el Ontario College
de Arte y Diseño. Su trabajo incluye The Machine in the Garden,
The Meadow, y How the Rest Was Won, exhibida en todo el mundo. También
es la autora de textos en Sex And Tourism in a Virtual World and Art and
Cyberculture.
La dirección de la
página de Paterson se sitúa en
http://www.bccc.com/nancy/nancy.html. |