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FANTASMATICA. La visibilidad de la falta, el símbolo
falo
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Juan Luis Moraza
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En medicina se conoce la experiencia de los "miembros fantasma"
1: personas que han perdido un brazo o una pierna perciben a
menudo, como si aún siguieran teniéndolo, ese miembro que en
realidad les falta, sintiendo una amplia gama de sensaciones
-calor, frío, dolor- en partes que su cuerpo no tiene. Su carácter
de realidad es lo que convierte a estas experiencias en fantasmales.
Del mismo modo, el cuerpo puede sufrir visiones y audiciones
fantasmas en ausencia de estimulación sensorial. Estas experiencias
parecen ocurrir cuando el cerebro pierde la información que
normalmente le llega de un sistema sensorial; en ausencia de
la información, algunas células del sistema nervioso se vuelven
más activas y los mecanismos cerebrales acaban transformando
esa actividad neuronal en experiencias significativas, al otorgarles
una concrección figural. Lo que evidencia esta sintomatología
es el aspecto constructivo de la actividad del cerebro, que
realmente genera la experiencia del cuerpo. Este fenómeno perceptivo
de sensaciones presuntas, encuentra similitudes con las experiencias
presuntas ligadas a los procesos de conciencia. También en este
caso, en procesos psíquicos y simbólicos, la experiencia del
cuerpo es una construcción imaginal de complejos procesos de
identificación. Lo fantasmático aludiría así a aquellas experiencias
que no coinciden con las evidencias del mundo considerado como
realidad.
Existe un vínculo identitario entre lo fantasmático (ligado
a las nociones de aparición y de persistencia) y lo monumental
(ligado a las nociones de memoria y presencia) …establecida
por la raíz simbólica/fálica que comparten.
"en todo fantasma, el sujeto se pone en juego. En cada
escena, él está representado, cualquiera sea la máscara"
(Denise Lachaud)2
"quien fantasmatiza procura rectificar un insatisfactorio
estado de falta, pues aquello que se ensueña es lo que no
se tiene" (Roberto Harari)3
Por ello el fantasma está estrechamente vinculado al goce:
Para Freud, en el fantasma se manifiesta lo que no se ajusta,
todo lo que la demanda no puede articular en la necesidad, todo
lo que constituye el umbral entre consciente e inconsciente.
En correspondencia con Freud, Jung lo afirma más taxativamente:
"el objeto del fantasma se llama, en ciertos casos (…)
es lo más frecuente, la madre"4
Este es el fantasma desde el punto de vista psicoanalítico,
el lugar en el que el sujeto se aprehenderá como objeto en el
campo del Otro. y de un Otro cuyo referente primordial es la
madre, quien otorga al sujeto sus objetos…
"Todo lo que se presenta con estatuto fálico marca la presencia
real del deseo del Otro"5
Es así que se teje la red fantasmática de lo fálico. En Freud
se trata del aspecto imaginario del fantasma, ligado al trauma
y a un sujeto atrapado en una red de significantes. En Lacan,
del aspecto simbólico del fantasma, ligado al sujeto capturado
en una red de discurso. En Winnicot, la relación entre fetiche
y falo se articula desde la noción de un objeto transicional.
Finalmente, la noción de cura implica la de una deconstrucción
del fantasma. Tarea propiamente interpretativa y productiva,
por cuanto el fantasma, por lo demás, presenta una dualidad
fundamental:
a. un sistema de representaciones
b. lo que se encuentra fuera de la representación
Es, paradójicamente, imagen o presencia de lo que falta. En
la historia de la cultura occidental, el falo se habrá convertido
en falta simbólica, y en el símbolo (simbolós/diabolós) por
antonomasia. Este vínculo permite un reflexión en ambos sentidos:
los procesos de identificación surgen en una tupida red cultural
y política propiamente escénica (estética), monumental; y las
evoluciones del arte público surgen en una tupida red psicológica
de simbolizaciones, identificaciones y faltas, ligada a lo fantasmático
(éxtasis, estatus, estatua).
La exploración de este vínculo se realiza aquí en dos excursos:
I. PHALLUS PASCHALIS. Las estrategias iconográficas de la
cristiandad medieval, y en concreto las fantasmagorías fálicas
en las escenas del Cristo crucificado, y su conexión con otras
tradiciones greco-romanas (Hermes, Fascinus, etc.)
II. FALICIDAD MEDIATICA. Las estrategias iconográficas de
los media contemporáneos, y en concreto las fantasmagorías fálicas
en la fotografía publicitaria
En ambos casos, manejamos una noción de arte no disciplinar,
sino antropológica: aquella acepción que permite incluir prácticas
anteriores, posteriores y ajenas a las definiciones occidentales
que desde el renacimiento han determinado un concepto específico
y disciplinar de arte (bellas artes frente a artes aplicadas,
alta cultura frente a cultura, etc...)6.
0
El sexo figura junto al hambre entre las principales motivaciones
de la acción humana y fuerzas selectivas de la evolución cultural.
El género es justo ese instrumento cultural capaz de alterar
y vehicular las motivaciones fundamentales dirigiéndolas hacia
procesos de socialización diferenciales ligados al establecimiento
y mantenimiento del poder. Por ello el género es símbolo de
autoridad, es decir, representa la autoridad, y al mismo tiempo
cataliza, realiza ese poder, educa en ese poder, habitúa. Así,
el poder es el símbolo de la diferencia absoluta. Si el género
simboliza el poder, es porque el poder simboliza la diferencia.
Si el género ha sido una herramienta fundamental en los ritos
de subordinación y dominio, lo ha sido por la importancia que
la sexualidad ejerce sobre la constitución de la personalidad,
y sobre la actividad social. El género vehicula la intensidad
existencial del sexo, intrumentalizando esa fuerza hacia el
establecimiento y la conservación del Contrato Sexual-Social.
La historia del género es la historia de cómo se dota al cuerpo
de una imagen, de una forma falsa, utilizable por la civilización
a pesar suyo, no debido a él. Se trata, pues, de una historia
del cuerpo como espectáculo o monumento de clara vocación urbana:
un cuerpo substancialmente fantasmático, abisalmente ajeno al
cuerpo real.
En este sentido, a una teoría Fraternal (masculina) del Contrato,
acompaña una teoría unisexual del cuerpo y del sexo, que ha
querido tomar al hombre como modelo no sólo cultural, sino incluso
fisiológico y anatómico. Desde esta teoría unisexual, que Thomas
Laqueur designará como «teoría cultural con disfraz anatómico»
p. 96.
«la mujer era considerada como un hombre invertido. El
útero era el escroto femenino; los ovarios , testículos; la
vulva, un prepucio, y la vagina, un pene [...] y la vagina
como "símbolo natural" de sexualidad interior, de pasividad,
de lo privado contra lo público, de una etapa crítica en la
ontogenia de la mujer»7.
En efecto, el género queda inscrito históricamente conforme
el cuerpo del hombre se fue convirtiendo en modelo de lo humano.
Desde la tradición hebraica de la costilla de Adán, desde el
homohumanismo de la Grecia Aristotélica, a la creencia medieval
de que el sistema reproductor de la mujer provenía del interior
del hombre8, hasta el «descubrimiento» masculino del clítoris,
(que por cierto se atribuyó, entre otros, Renaldo Colón, 1559,
explorador anatómico del Renacimiento), que en todo caso no
se trata del descubrimiento sino de la nomenclatura de lo que
consideran una versión femenina del pene. En efecto, desde Rufo
de Efeso (Sgl. II a.C.), a Hipócrates, Avicena, Falopio, Abulcasis,
Copérnico o Freud, lo considerarán una versión minimizada e
insuficiente del pene, y lo denominarán columnita (columnella),
vara (virga), cola, pene de la mujer, etc.
Estos cambalaches consumaron en sus más recónditas metáforas,
una profunda mezcla de géneros, pero no en un continuum independiente
del sexo, sino en relación a una construcción "fuerte" del género
no neutral sino políticamente diferencial. Freud añadió una
especie de supuesta legitimidad científica a esas teorías medievales,
sugiriendo una estructura insconsciente unisexual y masculina,
basada en el falo, a la que debería adaptarse también la mujer.
Pero Freud es apenas el corolario de un sistema de pensamiento
occidental milenario, griego, judaico, cristiano, victoriano
y finalmente psicoanalítico... este sistema milenario de género
se basa en una transferencia de cierta teoría sobre la sexualidad
masculina (basada en el complejo de castración y Edipo) y femenina
(basada en la envidia del pene masculino, y en la masculinidad
del clítoris en la mujer preedípica superada por la fase vaginal
y postedípica que inscribe a la mujer en su subordinación social
-«teoría de la transferencia clitórico-vaginal»). Pero asuntos
como la "envidia del pene" o el "complejo de castración femenina"
parecen pertenecer más bien a la fantasmática masculina ligada
a su propia "envidia del pene" (Bettelheim9), su "envidia del
útero" (Suraci10), su "envidia del embarazo" (Karen Horney,
1924, E. Fromm, Dundes11)… Freud debía saber que sus afirmaciones
no tenían ninguna base anatómica ni fisiológica: Su retórica
cientifista debe interpretarse como ejemplo de las modernas
representaciones del género, esto es, de los mitos de feminidad
y masculinidad. Y sin embargo, una parte de los estudios de
género desarrollados desde el feminismo más radical, han sucumbido
a lo que Jane Gallop denominaba "la seducción del padre", respecto
a la centralidad del falo y del complejo de Edipo en la construcción
de las identificaciones de género.
El Género ha definido a la mujer como adición (ornamento,
capricho, gratuidad, ductilidad), y al hombre como sustracción
(metafísica, función, contenido, rigidez). Y al mismo tiempo,
ha definido a la mujer como Falta. ¿Qué oculta esta estructura?
Pues sabemos ya que es la debilidad la que proyecta un aparato
cultural de dominación, que es el más débil quien más necesita
dominar. De nuevo, en la inscripción histórica del Género, se
vislumbra una total inversión simbólica: el carácter innecesario,
inestable, precario, incompleto, emocional, pasivo... toda la
precariedad orgánica y psicológica que el hombre no se reconoce
para sí, queda desplazada y proyectada sobre el cuerpo de la
mujer...
Para Michéle Montrelay12, la imaginería masculina tiene en
cuenta y juega con cuatro significados en relación con la experiencia
de la sexualidad:
1. Las formaciones y deformaciones de los genitales masculinos
visibles externamente, su apariencia (y desapariencia).
2. La idea y la percepción de los genitales masculinos como
una suerte de equipamiento -como un aparato.
3. "Appareillage" (aparejo y apariencia) en el sentido de estar
listo, sistemáticamente preparado para una partida, para un
acto de placer sexual
4. El "llegar" mismo, la experiencia orgásmica de "llegar",
de acabamiento, de fin del acto.
Pero existe un núcleo más substancial, ligada a la imposibilidad
del hombre respecto a las funciones reproductivas. Como recuerda
Giuditta Lo ruso (Uomini e Padri), los testimonios etnográficos
y mitológicos, muestran que antes de que se descubriese la relación
causal entre coito/eyaculación y embarazo/parto, esto es, la
propiedad fecundante del esperma, los hombres (y no las mujeres),
habrían vivido su existencia en el mundo como biológicamente
no-necesaria: El misterio de la (pro)creación pertenecería al
cuerpo femenino, y a entidades fertilizantes como la luna, la
tormenta, el espíritu, las hojas de ciertas plantas, la ingestión
casual de un insecto, etc… En esa tesitura, la condición existencial
de la mitad del género humano, la masculina, se percibe excluida
de la dimensión procreativa: una dimensión, por lo demás, fundamental
en la articulación de los lazos de parentesco y por lo tanto
de cohesión y organización social.
La mitología del género habría comenzado desde la exigencia
de englobar y relacionar en una red de relaciones artificiales,
construidas culturalmente, a la mitad del género humano que
de otro modo quedaría exluida de la relación fundamental de
parentesco si esas relaciones fuesen estrictamente biológicas:
el hombre, sujeto biológicamente no esencial y periférico, que
depende de su mujer y de su hijo para tener un lugar en el parentesco,
tiene que convertirse socialmente en esencial y necesario, invirtiendo
simbólicamente los términos de la dependencia…
Las identificaciones de género pretenderán suplir una falta
(la falta de sentido), pues parte de un no-reconocimiento elevado
(reprimido, sublimado). Y de esta supuesta carencia nace, en
reverso, el Sentido, la noción de lo Necesario: Si el hombre
no desea reconocerse en su innecesidad, habrá proyectado la
fantasía de un Sentido de lo Necesario hacia aquello que la
mujer no tiene. Lo que no tiene la mujer es precisamente aquello
que identifica la falta del hombre: lo que al hombre le sobra
para ser necesario: el falo. De esta sencilla y perversa inversión
habría surgido una unilinealidad parental que sustituye a una
matrilinealidad: Desde la ausencia completa de la figura del
padre …a una sustitución delirante que acabará negando a la
mujer incluso su función reproductora, apropiada por el logos
espermatikós…
"No es la madre la que engendra a quien es llamado su
hijo (…) engendra el padre que la fecunda" (Esquilo, Orestiadas)
Esta inversión coincide históricamente con el nacimiento del
matrimonio, la patrilinealidad, la exogamia y las primeras organizaciones
estatales y preestatales, catalizadas por una progresiva definición
de género ligada a la centralidad y la ubicuidad del falo: «La
mujer como Falta; y lo que le falta a la mujer es el falo»...
"El pene en cuestión no es el pene real, sino el pene
en la medida en que la mujer lo tiene -es decir en la medida
en que no lo tiene"13
No tener el falo simbólicamente es participar de él a título
de ausencia, así pues es tenerlo de algún modo: existe como
fantasma . Indudablemente todo lo que refiere al falo está necesariamente
ligado al fantasma14. Nunca confundido con el pene, el falo
es un objeto imaginario que se expresa en lo simbólico. Es a
ese objeto imaginario que vertebra el campo de lo simbólico
al que se habrá referido la iconografía de modo persistente.
Dado que las imágenes son fundamentales en los procesos de identificación,
lo fantasmático del falo, -erigido en imagen misma de la falta,
en fantasma por antonomasia-, será un ingrediente problemático
en toda identidad.
El nacimiento de la mitología fálica habrá estado ligado en
primer lugar a esa "insoportable" certeza de contingencia, a
una ansiedad de pérdida, de acabamiento, de vulnerabilidad propiamente
masculina; En segundo lugar, a la conciencia de la fuerza productiva
y creativa del deseo. Pero, como advierte Abigail Solomon-Godeau,
"la manifiesta no-equivalencia entre el órgano físico
y el falo simbólico es una problemática central en la imaginería
de la masculinidad heróica"15
El falocentrismo, -la centralidad del falo-, habrá sido acompañado
de un centrifalicismo -la falicidad del centro, en tanto una
centralidad de lo visual, como ya han advertido Jane Gallop
o Laura Mulvey. La preeminencia de lo visual ha ido pareja a
una visualidad de lo preeminente de la que se deduce el desarrollo
de la retórica monumental. Imaginar el sentido de la necesidad
habrá sido la tarea masculina de lo Social; el hombre se proyecta
como falta y la mujer queda proyectada como futilidad y adición.
Sólo así, -expresado en palabras de Lacan- "la mujer es síntoma
del hombre". De este modo, el cuerpo del hombre es lo que el
discurso y la imagen ocultan. No hay nada más invisible que
el pene, que se oculta monumentalmente reprimido hasta multiplicarse
y aparecer, transfigurado como un fantasma ya ubicuo. Se oculta
no tanto su presencia cuanto su falta, imaginando que lo que
le falta no es sino una falta, y convirtiendo contrarecíprocamente
el falo en presencia primordial, originaria.
Sólo desde este sofisticado juego de inversiones se instituye
lo que el análisis ha llamado el complejo de castración, al
que en otra ocasión me he referido como "complejo deseo de castración"
-bien en términos de una atribución fálica a la mujer, haciendo
de la mujer un falo -un accesorio sexual o reproductor) o haciendo
del falo una mujer -vehiculada por la figura psicoanalítica
de la "mujer fálica"; bien en términos de un cambio de sentido
simbólico -convirtiendo el falo en símbolo de lo Necesario.
"Para los psicoanalistas, que ciertamente están abiertos
al entendimiento de esta escena del inconsciente y la sexualidad,
el falo, el pene sublime como símbolo, es la marca de la división,
de la diferencia, el significante-ur. El último e inicial
punto de significado, clausurando el inconsciente y la sexualidad
a su alrededor"16
Pero, como afirmaba la psicoanalista Michéle Montrelay
"Imagine que una mujer hubiese inventado el inconsciente
…ciertamente ella no hubiera inventado este inconsciente.
Imposible, absolutamente imposible"17
La primacía universal del falo en el psicoanálisis, el falo
como significante aboriginal, sólo se puede mantener como axiomática,
autógena, lo que evidencia su carácter incompleto. En cualquier
caso, la primacía de este objeto imaginario no es universal,
sino artificial y cultural, incluso aunque pueda referir a contenidos
de experiencia como la falta, los fantasmas de la colmación,
el deseo, la ilusión del instante pleno, que puedan encontrarse
en contextos bien distintos… Más bien el falo aparecerá como
figura central de la cartografía del inconsciente y la sexualidad
desde la perspectiva de una cultura donde
1. La relación entre reproducción y sexualidad está instrumentalizada
desde un núcleo productivo ligado al territorio, la propiedad,
la guerra; donde simultáneamente se produce una indiscriminación
reproductiva, y una discriminación sexual; donde, por ello,
se construyen modelos de virilidad basados en el sacrificio,
la provisión, la violencia y modelos de feminidad basados en
la falta, la abnegación y la pasividad.
2. Donde la imagen propicia una cultura propiamente escópica,
óptica. De modo que el pene erecto es un síntoma inmediato del
deseo, la afirmación de una líbidio activada, y finalmente,
una alusión simple a la exigencia, a la avidez, a la falta…
Desde estas condiciones, el falo como sublimación simbólica
de la erección, se habrá desarrollado en estas culturas indoeuropeas
de ganaderos, y agricultores como icono de fertilidad, de salud,
de opulencia y de poder, convirtiéndose en fetiche apotropaico
contra la envidia, propiciatorio de fortuna y también como signo
disuasorio. Existirá, pues, una simbología fantasmático/fálica
de índole edípico (ligada al territorio, el dominio, el patrimonio
y la patrilinealidad), y otra simboligía fálica preedípica,
vinculada con el deseo (ligada al gozo, la excitación, la oportunidad,
la fortuna)
Pero tras 40 años de lo que con cierta complacencia se sigue
llamando la revolución sexual, los estudios de género no han
evitado que el pene se haya convertido en la metáfora central
de la crisis de género en los noventa, llegando a ser considerado,
casi exclusivamente como "instrumento de intimidación, agresión,
violación y destrucción"18.
Con todo, la lógica del fantasma implica la ubicuidad de lo
que no se ve. La deconstrucción del fantasma es, por contra,
una experiencia de visibilidad. Weber afirmó que "no hay nada
más invisible que un monumento". Es en esta invisibilidad donde
lo subliminal desvela lo fantasmático.
"Podrías decir que vivimos en un ambiente fálico. Quiero
decir que si vas a Mahattan, ¡es justo un pene tras otro!
Todo el lugar es una especie de templo al falo. Y por supuesto,
el poder del falo, en términos de comercio y dinero. Vemos
monumentos en todo lugar que son básicamente grandes cipotes:
La aguja de Cleopatra, la Columna de Nelson. De modo que tenemos
ante nosotros penes auténticos, pero también objetos fálicos.
No puedo imaginar a una mujer construyendo un edificio que
tenga forma de torre. Es inconcebible" Sara Kent19
I
PHALLUS PASCHALIS
(Símbolos fálicos en los torsos de los crucifijos de la escuela
toscana)20
En una época de hambres, pandemias, guerras, cuando nada se
ahorró en esos siglos de maldición y de espanto en los que se
forma Europa, no es sorprendente que la obsesión del cadáver
se inscribiera, con las danzas macabras, en todo ámbito iconográfico.
Es la solemnidad del "triunfo de la muerte", de una muerte no
tanto proyectada cuanto administrada por el poder eclesial de
una esperanza. Desde el fondo de la miseria, los despojos humanos
se habrán sometido más o menos voluntariamente a la construcción
de maravillas para la gloria de un cuerpo místico. Pero jamás
con tanta fe se habrá otorgado al dolor y los males del cuerpo
su valor positivo e infinito. Es a ese cuerpo cotidiano, simultáneamente
sublimado por la gracia y alienado por el dolor, alrededor del
cual se vertebra la cultura medieval. Un cuerpo que en ningún
caso habrá podido identificarse con las excelencias de la proporción
clásica, tanto por la sospecha de paganidad del gozoso cuerpo
canónico romano, como por la sospecha de irrealidad de un cuerpo
sin achaques. Una doble fragilidad que no se oculta, sino que
se explota, se convierte en ambrosía frenética, en una mística
o una coquetería de la fragilidad corporal. Nada en la cultura
medieval se sustraerá a esa danza de un cuerpo simultáneamente
imaginario, real y simbólico; al mismo tiempo posible, imposible
y necesario.
*
Nada más invisible que lo más presente. Nada más presente
que lo necesario, que lo que no cesa de escribirse21. Nada más
presente que la falta. En efecto, se echa de más lo que no se
echa de menos. La psicología denomina castración a la falta
simbólica de un objeto imaginario, o, para decirlo de un modo
explícito, a la falta de falo. No se trata de una privación,
de la falta imaginaria de un objeto real, pues a lo real no
le sobra ni le falta nada, sino en relación a lo que no es ya
real, y ninguna prótesis real suplementa una falta que nunca
refiere a un objeto real.
Por lo demás, el falo pertenecía al cuerpo clásico, al cuerpo
canónico de los paganos en el que la cristiandad patrística
no quería de ningún modo reconocerse. Así, el cuerpo del hombre,
y su especificidad fálica habrá sido la figura más invisible
de la iconografía del arte occidental.
Si se observa la estatuaria griega, resulta obvio advertir
que de acuerdo a un completo sistema proporcional, los genitales
se representan con un tamaño relativo minimizado: un cuerpo
de hombre adulto dotado con un pene infantil. Así, ese cuerpo
de piedra, que es fundamentalmente personificación de un cuerpo
simbólico, reproduce con claridad el valor y los juegos de fuerzas,
correlaciones e intensidades de las distintas potencias, de
las distintas partes: la clase sexual queda adecuada a su posición
relacional dentro de un conjunto que le sobrepasa, que la gobierna.
Se trata de una personificación de la prevalencia de la totalidad
(canon) frente a las partes. Indudablemente, esa minimización
del tamaño del pene necesaria para conformar un cuerpo armónico,
le concede al pene una intensidad, un poder que se pretende
contrarrestar con una desproporción sustractiva. En efecto,
las excelencias simbólicas del pene erecto se habrán derivado
de su misma condición en tanto símbolo último del deseo sexual,
pues sólo los hombres muestran externamente excitación sexual22,
mediante una metamorfosis visible e indudable. Esta condición
de exterioridad de una pulsión que puede aparecer disociada
del sujeto, habrá motivado la conversión simbólica del pene
en apertura de la animalidad, instinto bestial capaz de usurpar
la primacía de la mente.
Esta resistencia al logos habrá sido conjurada, precisamente,
mediante un símbolo, ya autónomo, pero también inocuo, desvitalizado:
el falo, objeto imaginario pero que sólo se expresa simbólicamente,
no se identifica con el pene, sino con una fantasmagoría ligada
a la falta; esa identificación con la falta le dota de una centralidad
en lo simbólico. Exento ya de los compromisos propios de su
relación con un cuerpo anfitrión, el falo, independiente, autónomo,
será convertido en signo de buena fortuna. Como parte que sustituye
al todo, el falo adquirirá su condición de fetiche. Las evoluciones
del signo, entre el pene y el falo, habrán sido las evoluciones
entre el tabú y el talismán; evoluciones que acabarán convirtiendo
de nuevo el talismán en tabú, el símbolo de fertilidad y buena
fortuna, en símbolo de intimidación, agresión, violación y destrucción…
De acuerdo a cierta economía de la represión, veremos reaparecer
esas partes exentas, erigidas en "todo", en la profusa colección
de falos a Apolo. El clasicismo muestra así estos dos rostros:
El rostro lógico del canon -visible en la arquitectura corporal
de las personificaciones- y el rostro (para)dójico del falo
-a través de los episodios mitológicos, de comedias sarcásticas,
y de la profusa iconografía popular en vasijas, camafeos, etc…
No se trata de una fractura temporal o estilística (entre un
momento clásico y otro barroco), sino de una fractura o suplemento
espacial, social.
El ámbito puramente plástico muestra en la estatuaria oficial
un metalenguaje corporal ligado a la construcción de la polis.
Por el contrario, la mitología y el relato visual, así como
la iconografía popular, testifican un ámbito ampliamente ligado
a un cuerpo recorrido por pulsiones, por fisuras, por inconveniencias
ajenas a las "necesidades" del orden global, del sistema (proporcionado).
De un lado, pues, la geometría y el canon -la invisibilidad
y la minimización del pene-, de otro, el relato y la pasión
-la visibilidad y ubicuidad fálica-. Y en ambos, la presencia
por repetida necesaria, por activa y por pasiva, por visible
o latente, la omnipresencia del símbolo, del falo.
En el cuerpo lógico, su información específica refiere a la
proporcionalidad, a el acuerdo, a la transacción de seguridad
por libertad, mientras su información analógica refiere a la
falta, al objeto simbólico por excelencia. Ambos niveles se
vehiculan a través de la iconografía fálica. A este cuerpo lógico
pertenece aquella estatuaria llamada clásica, aquella que en
distintos momentos, cada cultura deseosa de un Nuevo Orden pretende
recuperar como referencia original, desde Dionisio Aeropagita
o Miguel Angel hasta Albert Speer, Winckelmann o Mondrian.
En el cuerpo pulsional, su información específica (digital)
refiere al exceso, al encuentro con lo real, mientras su información
analógica viene a certificar una instrumentalización de ese
cuerpo que queda inscrito en el sistema armónico como estado
de iniciación, como referencia, como base, como suplemento en
proceso de domesticación. Ambos niveles se vehiculan, también,
a través de la presencia fálica. A este cuerpo pulsional corresponde
la familia iconográfica del clasicismo conocida como "arte erótico",
pero también aquellas representaciones en las que la parte del
falo se convierte en protagonista sobredeterminado al todo.
Así sucede en los hermes griegos, figuras abstractas, paparelepídedos
mínimos, coronados por una cabeza, y sumplementados con un falo.
Hermes griegos que se convertirán en los "términus" romanos,
testigos de la divinidad de los caminos que serán traducidos
hasta nuestros días en los "términos" municipales (y su aparición
monumental en hitos o mojones). Y también los cultos e imágenes
fálicas dedicadas tanto a Dionisios como a Apolo, o ya en época
romana, al dios Fascinus, con poder para impedir el mal de ojo
y proteger el hogar. En efecto, los falos a Apolo habrán sido
además falos de Apolo23, lugar iconográfico de un cuerpo místico,
sublimado, descorporalizado por exceso de corporalidad, por
redundancia material, símbolo ya de fertilidad y protección
(contra el robo, contra la pobreza, contra el enemigo).
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cuerpo clásico
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cuerpo pulsional
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discurso metacomunicacional (analógico)
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discurso comunicacional (digital)
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logos
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doxa
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*
Procesiones con figurillas fálicas, imágenes de falos apotropaicos
en las fachadas de la mayoría de los hogares, objetos fascinantes
(Fascinus)… Son estos falos, signos de sexualidad, paganidad
y perfección, vigentes como nunca en la edad media, los que
la iconografía, como la teología- medieval, debía sustraer.
En todo caso, sólo al cuerpo de Dios habrá correspondido el
privilegio y la responsabilidad de una posesión, de un falo.
La difícil cuestión que la teología y la iconografia debía resolver
era cómo hacer visible lo que más invisible debía permanecer:
cómo hacer presente el símbolo. Cómo hacer presentes los testimonios
más problemáticos del cuerpo, en un mundo en el que lo más presente
estaba siendo el cuerpo mismo. Cómo ocultar la evidencia; o
más bien, cómo evidenciar un ocultamiento, capaz sugerir, de
incitar más allá de la simple evidencia. Cómo administrar el
erotismo (cómo realizar el erotismo como administración de los
signos de un goce).
Es en este contexto donde podemos comenzar a entender los sistemas
de isomorfismo, ambivalencia, sustitución y trasferencia propios
de cualquier sistema iconográfico complejo. Es en este contexto
donde puede resultar plausible una interpretación que, desde
un punto de vista perceptivo resulta ya evidente: la habilidad
del pintor medieval para resolver ese nudo gordiano se expresa
en la construcción de un cuerpo que presenta signos anatómicos
suficientes para mostrarse como personificación, y al mismo
tiempo, ejecuta juegos perceptivos de ambivalencia y trasposición
que permiten una "doble articulación" iconográfica. En muchos
crucifijos entre los siglos XI y XIV, es posible apreciar la
puesta en escena de esta tipología corporal. En una lectura
inmediata, el cuerpo del crucificado se muestra como serenamente
cercano a la muerte: se trata de un cuerpo funcionalmente abierto,
desparramado, ofrecido o donado al espectador, a través de unas
manos que han dejado de ser manos pues no pueden coger, de unos
brazos que han dejado de ser brazos pues no pueden cerrarse,
etc… Un cuerpo cuya vida se diluye, se va como el agua entre
los dedos, de modo que el fluir de la sangre muestra el espectáculo
de la muerte, de la falta de contención, de la ausencia de cierre
(de la rotura del cierre de la piel), de una incontinencia.
La vejación de la crucifixión es además vejación por desnudez,
por la ruptura del límite de la privacidad. Sólo el trozo de
paño que cubre sus genitales conserva un ámbito de privacidad,
una parte del cuerpo que se sustrae al martirio de la visibilidad.
El pene de Jesucristo parece librarse de al menos una parte
del castigo; su ocultamiento, su invisibilidad no refiere tanto
al pudor judeo-romano, sino al pudor cristiano, pues los Padres
de la Iglesia no habrán estado dispuestos a sobrepasar ese límite:
Podrán escenificar, con carácter ejemplar, el martirio, pero
no hasta el punto de dejar visible la total vejación de la privacidad
de un cuerpo que, a pesar de todo, se considerará en todo momento
como divino, místico -incluso en sus momentos menos dignos.
Ese paño "taparrabos" no es simple censura, sino más bien cesura,
intervalo teológico, el anuncio objetual de su resurrección.
Pero sustrayéndose a la lectura inmediata del cuerpo como
globalidad, es posible acercarse a las partes de ese cuerpo
como protagonistas figurales. Al hacerlo, es apreciable que
estas partes anatómicas no reproducen fidedignamente a sus supuestos
referentes corporales. Por razones simbólicas, el torso de estos
crucificados no se nos muestra de acuerdo a un criterio naturalista;
muy al contrario, las líneas que vienen a representar el vientre,
el ombligo, los pechos, los pezones, parecen responder a una
lógica formal interna. Ello es aún más patente en los modos
en los que se representan las veladas formas de las costillas:
Una mínima observación nos permitirá apreciar la evidencia de
figuras abierta y explícitamente fálicas en estos torsos de
los crucificados. Apoyados en un isomofismo forzado (una contabilidad
estética creativa), los pintores han querido sugerir una presencia
fantasmal del falo, figura erecta por antonomasia, en el vientre
dado al espectador en ese cuerpo semidesnudo.
El pudor con el que se envuelven los genitales de Jesucristo,
tanto más cuanto que la sabiduría popular refiere a la ilustre
erección propia de los estertores del óbito, viene contrarrestado
por la obscenidad sutil de un falo gigantesco que ocupa el centro
geométrico y simbólico de la figura. Por ello no es extraño
que a menudo, el cierre del taparrabos contenga cintas, abigarrados
pliegues y nudos que plásticamente reflejan virtualmente el
falo fantasmal de su vientre. Reenuncian una epifanía fálica
hecha esta vez de pliegues y nudos, como puro tejido (texto);
y en muchos casos, el ocultamiento es instrumento de un énfasis
dirigido al bulto, de modo que el "taparrabos" dirige la atención
enfáticamente hacia aquello que supuestamente se pretendería
eludir, como en el caso del Cristo de Mantegna... Repetición
simbólica de la falta. El misterio teológico viene cifrado por
la cesura entre el ocultamiento (taparrabos) y el develamiento
(epifanía del falo); entre la censura como límite a la representación
del cuerpo (divino), y el símbolo, como representación de la
falta.
*
¿Se trata de un capricho de nuestra perversa mirada contemporánea?
¿Se trata del capricho de algunos pintores que subrepticiamente
introdujeron un contradiscurso herético en el seno y en centro
mismo del mayor símbolo de la cristiandad? ¿Y si esto fuese
así, cómo es posible que la institución eclesiástica, tan sutil
en sus disquisiciones y tan generosa en sus inquisiciones, pudiera
pasar por alto esas evidencias, esos delitos? ¿Se trararía,
en todo caso, de vestigios de paganismo infiltrados inevitablemente
en los entresijos y evoluciones del cristianismo?
Indudablemente, una interpretación histórica difícilmente
puede aspirar a considerarse definitiva. Desde la perspectiva
de la epistemología contemporánea, puede, a lo sumo, confiar
en resultar consistente con los datos disponibles en determinado
momento, a la espera de una futura y segura falsación. Los cada
vez más abundantes datos sobre la época medieval confirman la
falta de ingenuidad de los productores y los consumidores de
imágenes. Muy al contrario, las sociedades medievales son sociedades
muy sofisticadas, altamente especializadas, y con una disposición
para lo complejo que sólo recientemente se ha comenzado a reconocer.
La presencia del cuerpo real en sus hiancias con un cuerpo
imaginario, y con la tonsura de un cuerpo simbólico, resulta
confirmada por pruebas documentales y monumentales de toda índole.
Es difícil eludir la omnipresencia de ese cuerpo cotidiano,
simultáneamente sublimado por la gracia y alienado por el dolor,
un cuerpo oscuro, problemático, recorrido por dolencias y cuya
idealidad es una pulsión más, su necesidad es otra de sus contingencias…
Nada en la cultura medieval se sustraerá a esa danza de un cuerpo
simultáneamente imaginario, real y simbólico; al mismo tiempo
posible, imposible y necesario.
El culto al falo (Hermes, Apolo, Príapo, Fascinus, dios de
la fecundidad, etc.) fue absorvido por las poblaciones cristianizadas.
Amuletos en forma de falos se encuentran por doquier en todos
los museos de Europa. Pero no se trata únicamente de un arte
popular, ligado a la "plebe ignorante". Hasta la revolución
francesa, sobre el portal de la catedral de Toulouse y encima
de los portales de la mayoría de las iglesias de Burdeos, había
un enorme falo como el que sigue existiendo en Trasacco24 y
como el que antaño existía en Città di Castello25. Sabemos que
estas costumbres heredadas del paganismo tenían un valor apotropaico
y no es extraño que se conserven en era cristiana, de acuerdo
a las típicas estrategias cristianas de aculturación.
Así es apreciable en la iglesia benedictina de Ciudad Rodrigo,
en cuyo coro lignario, ricamente trabajado, pueden observarse
escenas absolutamente lascivas, los apoyabrazos de las sillerías
tienen forma de falo, como el fascistol sobre el que se apoya
el evangelio… Un ejemplo típico de la permanencia entre los
cristianos del culto a Príapo nos lo proporciona la fiesta que
hasta 1780 se celebraba en la iglesia de San Cosme y San Damián
en Isernia; Cada 27 de septiembre, bajo el portal, se reunían
los canónigos vendiendo órganos masculinos de cera de varias
dimensiones26, algunos de casi un palmo -existen listas de precios
según su longitud- que luego eran ofrecidos a "San Cosme" por
los fieles.
Pero existe una tradición propiamente cristiana que vendría
a confirmar definitivamente la plausibilidad de la interpretación
de la representación de los torsos del crucificado de acuerdo
a una simbología fálica. Se trata del risus paschalis, o risa
pascual, una costumbre, conocida desde el siglo IX y cuyos testimonios
pueden encontrarse aún en el XIX: …en la mañana de Pascua, durante
la misa de resurrección, el predicador provocaba la risa de
los fieles, por el procedimiento que fuere, sobre todo con gestos
y con palabras en los que predominaba el componente obsceno.
El religioso, fuese el que hace la homilía, el oficiante, fuese
sacerdote, predicador o párroco, o incluso un "artista invitado",
como un predicador venido de fuera para la ocasión- comenzaba
a contar chascarrillos y relatos o chistes y "hacer bromas tomadas
en préstamos de las cocinas y los patios", a bromear con palabras
obscenas, hasta actuar en la iglesia como un bufón descarado,
"ofreciendo a la vista las cosas que los cónyuges suelen hacer
ocultamente en sus habitaciones y que conviene hacer sin testigos",
mostrando, en efecto los genitales, haciendo mímicas onanistas,
masturbándose, imitando el acto homo o heterosexual, disfrazando
a algún feligrés cualquiera de monje e invitándole a oficiar,
etc... Los testimonios son además pudorosos en sus descripciones,
y sugieren que la realidad era aún más obscena. Así Ecolampio
afirma no atreverse a describir todo lo que se acostumbraba
a hacer en las iglesias "para no manchar cuartillas con esas
cosas" y dice "omitir las cosas más obscenas"27. Noticias de
la costumbre de enriquecer los sermones con estimulantes obscenos
y de entretenimiento, aparecen antes del siglo X (Hincmarus,
obispo de Reims en el año 852). El nivel cultural del clero
en el siglo IX no era demasiado alto28, de modo que la costumbre
de provocar risotadas y entretener a la clientela habría sido
un natural recurso retórico de índole popular y populista. Por
bajo o alto que fuera su nivel cultural, el predicador tenía
que ser capaz de estruturar una prédica, con unos conocimientos
mínimos de las escrituras. Con todo, esta costumbre puede encontrarse
entre los cultos y refinados clérigos de la Florencia del XIV29.
Es posible afirmar que el placer, bajo varias formas, pero
sobre todo el placer relacionado con la esfera sexual, es una
presencia constante en la esfera de lo sagrado, casi siempre
condenada, pero que resiste a todas las prohibiciones30 De cualquier
modo, en casos como este, la prohibición no era la única actitud
eclesiástica ante el fenómeno. Para que esta costumbre se prolongase
durante al menos doce siglos, hubo de darse un cierto acuerdo
por parte de los sacerdotes. Es sencillo pensar que las obscenidades
de los capiteles románicos estén emparentados con ciertos ritos
performativos como el de la risus paschalis. En este sentido,
lo ornamental deberá ser considerado como claro instrumento
de audiencia, de infiltración, de legitimación.
De acuerdo a la lógica de aculturación, la autoridad habrá
simultáneamente condenado y estimulado estas prácticas. Bajo
el estímulo de la prohibición, lo probihido constituirá un elemento
de infiltración social, una estrategia de captación, pues apela
justamente a todo aquello importante para las personas31.
Con todo, en este contexto se observarán las evoluciones de
una retórica de prohibición32 que acabará condenando definitivamente
la risus paschalis, eliminando todo ataque al pudor por parte
del sacerdote y de los fieles incluso en la mañana de la resurrección.
El falo, ligado a la reenunciación de significados y atribuciones
apotropaicas, se habrá erigido como figura de resolución de
una crisis, como si la mera muestra de los genitales supusiese
un signo de confianza, de no agresión, de compromiso, y de jocosidad:
Así se muestra en numerosos episodios mitológicos, desde el
Egipto faraónico33 a la cristiandad, incluida las "phalophoria",
sacrificios en honor a Isis. Incluso en la esfera cristiana,
la mitología de la muerte y resurrección evidencian la presencia
de significantes fálicos por doquier.
En este contexto, no resulta muy aventurado concluir afirmando
que las epifanías fálicas en los torsos de Jesucristo crucificado
no son fantasías gestálticas, sino complejos proyectos iconográficos
de muchos pintores medievales, destinados a ofrecer una visibilidad
del símbolo por antonomasia, con ocasión de la situación límite
del cuerpo místico, en el instante de la cesura extrema. Se
trata de una solemne versión iconográfica de la risus paschalis,
en este caso referida al cuerpo del Dios.
Sonrisa vertical contra la muerte, la risa pascual refiere,
en efecto, a la graciosa erección de la resurrección, a un phallus
paschalis, un falo pascual. De esa erección absurda, sin finalidad,
habrá surgido el sinsentido, el absurdo, conjurado por el sentido
trascendente de la resurreción: la resurrección es anunciada
formalmente por la erección, testificando una resistencia, un
estertor que, en el caso de Cristo, y siempre desde la perspectiva
de esta mitología cristiana, es apenas el guiño de una vida
que no ha cesado: el testimonio divino que resiste a la muerte:
el falo de Cristo no murió; la parte sobrevive al todo. Así,
el conjuro fálico de la pascua referiría a esa presencia del
símbolo de la Falta. Dios como Falta se hace más presente que
nunca en el instante de la muerte de Cristo. El cielo se obscurece
conforme el falo trempa. La figura del crucificado será entonces
presencia de castración, y conjuro de castración: La falta real
de un objeto simbólico. La fálica risa vertical como imagen
de castración, y emergencia, erección (diabolos) y resurrección
(symbolos), separación y religación. Crisis y resolución imaginaria,
farmakòs.
II
FALICIDAD MEDIATICA
(Símbolos fálicos en la imaginería publicitaria
actual)
En apariencia, nada más alejado de estas imágenes pías tan
ligadas a funciones socioteológicas, que las procaces imágenes
publicitarias. Arte en sentido antropológico, el paisaje mediático
asimila muchas de las funciones que antaño cumplían lo que hoy
denominamos como imágenes artísticas. Esta imaginería se encuentra
en el espacio intermedio y crucial entre las estructuras del
imaginario social, y la subjetividad de la experiencia.
Lo cierto es que, de acuerdo a una relación instrumental, la
ductilidad, el erotismo, la sofisticación, la sensualidad de
las imágenes aumenta proporcionalmente conforme cierto sistema
de organización y poder más necesita instituir o reforzar su
legitimidad, cuanto más necesita implicar a los ciudadanos para
dirigir su energía, su tiempo y su atención hacia los fines
supuestamente vinculados con el "bien" de la sociedad, que,
en principio refiere al bien de la propia institución. Habrá
sido apreciable en plena crisis del proyecto ilustrado de las
polis griegas, en lo que denominamos helenismo; habrá sido apreciable
en la voluptuosidad ornamental protorenacentista que coincide
con la crisis de las teocracias medievales; habrá sido apreciable
en plena lucha política y teológica en la Europa de la Reforma,
mediante la riqueza expresiva de la llamada "Contrarreforma";
habrá sido apreciable en plena crisis de las monarquías absolutas,
en lo que se denomina como cultura "rococó"; habrá sido apreciable
en plena crisis de legitimidad de los estados nacionales y coloniales
en el XIX, en estrategias iconográficas que incluyen desde el
romanticismo hasta el modernismo; habrá sido apreciable, en
fin, en plena crisis del proyecto ilustrado de la modernidad,
mediante lo que aún se denominan como estrategias postmodernas…
en todos estos casos, la fascinación, el reencantamiento del
mundo se ha convertido en instrumento de esos procesos de socialización
estatal.
Es en este contexto donde podemos advertir el funcionamiento
fantasmático del paisaje mediático. Los mass media, nuevas tecnologías
de la comunicación, se afirman como información al mismo tiempo
que se ocultan como formativos. La coacción se sustituye por
la persuasión, que encontrará su mejor expresión en las ofertas
de libertad, espontaneidad e inmediatez: "Sé tú mismo", "Tú
eliges", "atrévete"… son proclamas que las reticencias, las
reservas, convocando una "suspensión del descrétido", primera
condición para la ficción. Una suspensión del descrédito que
se presenta a la conciencia como "voluntaria", aunque fuera
inducida por instrumentos expresamente dirigidos a la manipulación
de esa voluntad. Una famosa empresa no tiene reparos en advertirlo
con descaro, mediante un slogan de doble filo: "Especialistas
en tí"
El especialista conoce lo que el sujeto, -aficionado de sí
mismo- más quiere desconocer: aquello que incluso es capaz de
obligarle a gozar, aquello que es discurso inconsciente… Están
especializados en una inducción conductual que tiene al espectador,
a cada "tí" no tanto como objetivo, sino como instrumento -máquina-
para un consumo. La satisfacción del producto es apenas la inversión
que la empresa realiza para propiciar futuros ganancias (esto
es, consumos futuros).
La retórica debe ser tanto más sofisticada cuanto más alertados
y prevenidos se encuentran los ciudadanos respecto a ella: los
cismas epistémicos, las crisis de la representación, los pensamientos
críticos no sólo alertan al sujeto frente a las añazagas y señuelos
de su mundo entorno …también funcionan como renovadores y reactores
para esos sistemas de sugestión.
En este punto, cabría advertir que la propaganda se dirige
al campo de consumidores posibles; en este ámbito, las consumidoras
son más numerosas y activas (como consumidoras) que los consumidores;
por ello, en las estrategias iconográficas publicitarias no
podremos ver tan sólo los síntomas de los incontenibles
complejos falocéntricos (falocráticos) de hombres publicistas,
promotoras y empresarios, sino el reflejo de una eficacia que
define, por extensión, la fantasmatización (también) femenina:
el reflejo de las consumidoras, definidas como causa y efecto
de la fantasmagoría publicitaria.
NIGHTFLIGHT, MINOTAURE, KOUROS, POMELLATO,
QUASAR, OLIMPO, ENVY
Existen numerosos casos en los que es posible apreciar la escenificación
del cuerpo masculino, ligado a una mitología e ideología de
virilidad, potencia, hieratismo, temple, etc… pero también ligado
a un tabú radical que evita en todo caso la muestra de sus órganos
sexuales. De acuerdo a la tradición que hemos advertido en el
primer excurso, la invisibilidad del pene y la ubicuidad del
falo han sido técnica habitual de las estrategias iconográficas
de los estados.
En este sentido, y desarrollando esa lógica en el actual paisaje
mediático, es habitual encontrar imágenes de cuerpos masculinos
capaces de activar procesos de identificación tanto en espectadores
masculinos como femeninos, tanto en espectadores hetero como
homosexuales, tanto en escenas de autorealización como en escenas
de amor. Pero en todos ellos se hace patente la escenificación
fantasmática del falo. Falo fantasmático que queda asimilado
a distintos objetos-fetiche, en juegos de doble y triple articulación
plástica e icónica. Veamos una lista no exhaustiva que el oyente
puede completar.
|
cigarro/puro
|
Davidoff, Kent |
|
punta de estrella
|
Joop |
|
frasco de perfume
|
Kouros, Quasar, Gucci, Tsar, P.Rabanne, Pomellato, P. Picasso |
|
cinturón
|
Olimpo |
|
botella
|
Larios, Fanta, LaIna, Gran Duque de Alba,
Licor 43 |
|
vaso
|
Cruzcampo, Marqués del Riscal |
|
palmera (tronco),
farola
|
Lancaster |
|
corbata
|
Nina Ricci, Hermes |
|
coche
|
Laurél |
|
palanca
de cambios
|
Laguna 2 |
|
teléfono (móvil)
|
Ericsson |
|
palo de golf/billar
|
Ballantines |
|
cartel
|
Bacardi |
|
cámara fotográfica
|
Sonimagfoto |
|
frigorífico
|
Electrolux, Bosch |
|
torso humano
|
La Percha, El azucar es vida, Chanel |
|
rodilla
|
Strenesse
|
|
|
Masturbación, coito, sodomía, felación, orgía …todas las fantasías
fálicas para él y para ella se dan cita de modo a veces muy
poco subliminal. Por sólo poner algunos ejemplos, veamos algunas
imágenes publicitarias de los perfumes Minotaure (de Paloma
Picasso), Nightflight (de Joop), Quasar (de J. del Pozo), Kouros
(de YSL) o Envy (de Gucchi), Olimpo, etc.
LA INA
Como parte de una profusa campaña, Esta imagen de un anuncio
de un Jerez Fino despliegua una complejidad notable. Lo más
notable en primera instancia son los diferentes planos o gradientes
espaciales, que determinan a su vez diferentes articulaciones
en la imagen. La imagen se divide así en tres planos básicos:
1. Un primer plano, diríramos plástico, configurado por el
fondo celeste sobre el que se recortan las copas y el cuello
de la botella en primer plano, y que viene definido por la línea/corte
que se dibuja mediante los arcos y el filo de la etiqueta de
la botella.
2. Un segundo nivel, configurado por la escena mundana
3. Un tercer nivel, propiamente lingüístico, configurado por
la etiqueta y el slogan.
Si ocultásemos por un momento el segundo y el tercer nivel,
se nos aparece claramente el motivo del primero: La forma sublimada
y abiertamente fálica de la negra botella, se encuentra como
abastecimiento de dos grandes contenedores que han dejado de
ser copas para esencializar su función de contenedores, y de
clara configuración textural y cromática carnosa; Las copas
son carne, palpitante, sudorosa, mamaria. Y todo ello se recorta
sobre un fondo azul celeste donde aparecen unas nada inocentes
nubecillas blancas, como emanacines que fluyen.
En el segundo nivel, la escena mundana permite apreciar todo
tipo de combinaciones relacionales: parejas heterosexuales,
tríos, grupos, etc… en cada uno de los mundos/mesa. Lo que comparten
todas estas células o relaciones, además de la expresión de
gozo, es lo que les falta: conversan, ríen, comen y beben, pero
sólo existe una única botella que abastece a todas las mesas,
tal y como existe una sóla mesa de buffet. Así, la figura del
lateral del camarero, necesariamente periférica, solapada. Se
vuelve crucial. El camarero, figura excelsa del proveedor, de
quien ofrece, permanece, como la botella que sostienen en su
bandeja, de pie, monumentalmente, como ilusión fálica. Una ilusión
de proveedor que viene confirmada literalmente si advertimos
que el camarero surge como figura vertical en línea con el pie
de la mesa de buffet, donde, a la sazón, un racimo de bananas
aparece justamente en el lugar apropiado para ocultar, es decir,
mostrar, el sexo del camarero. Camarero multifálico, siempre
disponible, ofrecimiento de gozo para todos los gustos, los
mundos, los vínculos. La fantasmática fálica ha permitido que
los procesos de identificación estén disponibles a la carta.
En el plano lingüístico, cabría destacar la importancia fantasmática
de la I mayúscula, estrechamente vinculada con el YO (I), figura
vertical de cuerpo/falo que se identifica en la imagen con la
botella misma. Esa I esta subrayada como núcleo figural, y acompañada
de una terna de atributos: Frío, Seco, inconfundible. Obviamente,
esta rotundidad que alude al fino propicia su respiración inconsciente
en los efectos de gozo propiciados por su libación:
|
|
I (yo)
|
|
|
|
|
|
|
caliente
|
húmedo
|
confundible
|
|
|
LAURÉL
En el caso de este anuncio de LAURÉL observamos este mismo
tipo de mecanismos fantasmáticos, ligados a la aparición del
falo como figura imaginaria. Aquí se trata de una clara fantasmática
masculina en una figura femenina. Ella aparece investida con
numerosos atributos culturalmente considerados como masculinos,
-pantalones de pinzas, americana, una cierta pose de descanso
con las manos en los bolsillos, apoyada en un coche negro, etc.-
Incluso su mirada directa al espectador parece referirse a una
personalidad autosuficiente, satisfecha, independiente, segura
de sí misma. Pero obviamente todo esto no fué considerado suficiente.
Ni siquiera el nombre propio -LAURÉL- que alude tanto a la planta
aromática con la que se agasajaba a los grandes deportistas
y generales en la cultura clásica, como a la propia aureola
de laurel, es decir al círculo dorado y al propio oro (L´AUREL).
Ello sin mencionar que los nombres de Laura y Lorenzo refieren
también a esas alusiones solares. Desde Freud (La interpretación
de los sueños), el psicoanálisis que la aparición de la figura
del Sol surge ligada a una sublimación del padre34: El sol y
sus emanaciones o rayos funcionarían, en efecto, fantasmáticamente,
como falo. En el caso de esta figura de LAURÉL, la aparición
del falo está literalmente configurada como rayo, como un brillo
que, -en virtud de las maravillas del retoque- emana del cuerpo
de la mujer. Como en el caso de Bracussi, estos cuerpos/falo
parecen referir a una sublimación del padre. Estas alusiones
son propias de culturas de origen solar, en las que la dependencia
(vital) respecto a este astro han sido transferidas a la autoridad
de los Estados y al estatuto de la Autoridad misma. Es desde
esta articulación político/psicológica desde donde se fija tal
conexión.
Por extensión, esta mujer fálica que encuentra fugazmente
ese órgano imaginario, queda configurada a su vez como emanación:
ella misma es falo. En este sentido no es inocente, en la imagen
que nos ocupa, el fondo desenfocado sobre el que se recorta
indefinidamente otro símbolo erecto que parecería no cumplir
ninguna otra función dentro de la imagen. El fotógrafo podría
haber evitado el tronco de esa farola, y por el contrario la
ha convertido en lugar principal de un eje que arranca en el
sexo de la mujer, atraviesa el brillo fálico del coche negro,
atraviesa el nombre y se continúa ascendentemente en el tronco
de la farola hasta prolongarse más allá del plano del cuadro.
El cuerpo-falo abre la dinámica de las identificaciones. Tanto
por parte del espectador masculino como femenino, tanto heterosexual
como homosexual, la figura queda abierta como cuerpo-falo, para
ofrecerse como imagen especular de una plenitud ambigua, o de
una indefinición que colma. En definitiva como fantasma fálico
radical.
El mismo tipo de caso es apreciable en numerosas imágenes
publicitarias. En la campaña del ron BACARDI, "Dirección obligatoria",
el cuerpo vacante de una joven rubia aparece haciendo auto-stop.
Su destino es BACARDI, marcado con una flecha enfáticamente
fálica que viene a subrayar el pulgar, las botellas, los troncos
de las palmeras, etc. El slogan, "Dirección obligatoria", alude
directamente al goce. Como afirma el psicoanálisis, sólo el
super-yo te obliga a gozar; en todo caso, esta dirección obligatoria
refiere a la obligación de un goce marcado mediante la imagen
fantasma del falo. Dirección obligatoria que subliminalmente
insiste en su carácter prohibido: la inversión es sencilla:
la dirección a la que el goce obliga es al destino prohibido,
tal y como el falo fantasma que emana como órgano fantasma de
la mujer alude a el falo del hombre que puede estar siendo en
la mujer: órgano fantasma y coito fantasma en virtud de un mundo
imaginario donde salir puede estar siendo entrar, donde lo prohibido
es obligatorio, etc…
212
Comencemos por el más reciente: una fotografía que este mismo
verano ha poblado las estaciones de autobus, las vallas publicitarias,
las revistas de toda índole que forma parte de la campaña de
promoción de la fragancia "212 MEN", de Carolina Herrera. En
esta página contemplamos una serie de imágenes que generan un
relato cinematográfico; Sobre un desenfocado fondo de Manhattan
contemplado desde un alto piso de la 4ª avenida, se recortan
la figura amante de un joven desnudo que contempla los ojos
o los senos de una joven de la que el corte del encuadre sólo
permite ver las piernas y el vientre que se yergen de pie sobre
el joven recostado. También aquí, el encuadre juega un papel
configurador. La superposición de estratos iconográficos es
recurrente, incluso redundante. La figura femenina ha sido reducida
a una parte que ocupa el lugar y la función del falo: su verticalidad,
y posición, su forma, enfatizada por el perfil de la braguita,
se suman a las figuras erectas de los rascacielos, la verticalidad
del número 1, situado en el eje del que arranca toda la figuración
fantasmática del falo, encuentran así privilegiada imagen de
una falta que encuentra su objeto transicional en la propia
aparición fálica del erguido, metálico y fálico frasco de colonia.
El propio nombre 212 recurre e incurre en el mismo juego:
La evidencia del sentido cosmolpolita que el prefijo telefónico
de New York, la Manzana, suscita es apenas el inicio del juego.
Podremos incluir el número 212 dentro de la lista de números
sexuales, junto al 69. El 1 entre dos 2 condensa un relato sexual.
La forma y la posición del 1 implican deliberadamente su identificación
con el falo; su verticalidad fálica o monumental está introducida
entre dos 2: también aquí se produce un juego de recurrencias:
Si Luce Irigaray había identificado hace más de 20 años el femenino
como "el sexo que no es uno", frente a la unicidad de la verticalidad
fálica,
"El uno (1) de la forma, de lo individual, del órgano
sexual masculino, de su propio nombre, de su propio significado
..suplanta, al separarlos y dividirlos, el contacto de al
menos dos (labios) que mantienen a la mujer en contacto consigo
misma, pero sin ninguna posibilidad de distinguir lo que está
tocando de lo que toca"35
indudablemente la duplicidad de un doble dos, su modulación
tipológica, su posición cubriente, receptora presentan este
nombre, 212 como una figura de comunión, de realización. Esta
correspondencia es apreciable en otro anuncio, donde "Todo un
señor Farias", prototipo de hombre-puro arrasador, fálico, aparece
rodeado por dos chicas que arropan con sus curvas dobles la
recta de su figura erecta. Podríamos encontrar en publicidad
casos en los que una mujer aparece rodeada por dos hombres -diríamos,
un 121: pero cuando aparece, como en la campaña del Brandy Gran
Ducque de Alba "El prestigio no tiene edad", o en la de calzado
masculino Loren´s "la piel nos une", se trata de un discurso
de trato entre los 1, donde el 2 es, bien el objeto de la transacción,
bien su vehículo… En "El prestigio no tiene edad", se trata
de la relación entre dos triunfadores, un hombre jóven y un
veterano; la jóven mujer retenida por el jóven, mira de forma
coqueta al veterano, que muestra su botella, con la que ha llenado
la copa de la feliz dama… En el caso de "La piel nos une", estamos
ante el mismo caso: tres supuestos ejecutivos pero sólo dos
portafolios: el retruécano visual sughiere que el ejecutivo
gafoso, que no lleva maletín y que tampoco lleva la voz, la
iniciativa, es acompañado por su secretaria que sostiene un
liviano portafolio. Tanto él como ella están pendientes de quien
habla y vence.
El carrusel de imágenes corre como un tren cinemático ocultando
el enclave del sexo, pero también permitiendo el juego de ambigüedad
y ambivalencia. Se pone en escena una relación: GIRL = Phallus,
impulsada por una extensa mitología y literatura psicoanalítica36
que impulsa un tráfico de identificaciones complejísimo. El
falo no implica aquí al pene, sino a la falta; ella se convierte
en su instrumento, tal y como el frasco-fálico (o el propio
número 1) devienen fetiche: falo y falta.
Generada la virtualidad de un proceso sin fin de identificaciones,
(GIRL= Phallus = 1 = 212 = Rascacielos = frasco = fragancia
= realización =212, etc…)
…al espectador o espectadora sólo resta introducirse en tal
bucle, quedar en él atrapado en el nombre del gozo, de la resurrección…
*
Contemplamos una media de 70 anuncios publicitarios por día.
Cada uno de estos anuncios está dirigido por sus propios intereses
comerciales, pero en conjunto configuran grandes procesos de
educación perceptiva y emocional. La importancia de estos procesos
no ha sido aún advertida, en parte porque somos las primeras
generaciones sometidas a este flujo cualitativa y cuantitativamente
extremo de mensajes y sugestiones dirigidos. La competencia
entre las compañías es una cortina de humo que pretende eludir
el hecho de su connivencia, de su mutuo interés en una didáctica.
El placer del usuario, del consumidor es estrictamente hablando,
sólo una inversión de la compañía destinada a garantizar un
beneficio futuro; por eso el primordial objetivo de un sistema
de campañas publicitarias es habituar, contruir hábitos, conectivos
causales que sean lo más intensos, fuertes y por tanto inconscientes
posibles… Ello permite:
a. estimular la productividad mediante una excitación libidinal
continua que es simultáneamente reprimida y sublimada o canalizada
hacia el trabajo y el ocio programado (convertido él mismo,
también, en educación productiva/competitiva, como es claro
en el deporte).
b. sustituir la sociabilidad por la normalización, a través
de una educación pulsional que circula en el principio de placer.
c. minimizar la experiencia del malestar en la cultura, canalizando
el descontento hacia actividades beneficiosas o inocuas al sistema,
neutralizando así las disposiciones transformativas o creativas.
En este escenario, el fantasma fálico instituye la fantasmática
como gramática de socialización tardocapitalista. En este escenario,
la fantasmatización de la experiencia, la dirección de los procesos
de identificación son fundamentales en las estrategias estéticas
de las sociedades tardo-capitalistas. No será extraño encontrarnos
con técnicas subliminales desde las que se construye la fantasmatización
del ciudadano del siglo XXI.
Veamos algunos ejemplos entresacados de nuestro paisaje publicitario
Desde un punto de vista estrictamente disciplinar, este tipo
de procedimientos subliminales excede en muchos casos la complejidad
de las imágenes propiamente artísticas, provocando, como consecuencia,
una recepción progresivamente más marginal del arte por parte
de ciudadanos educados en los media. La puerilidad con la que
muchos artistas contemporáneos utilizan imágenes supuestamente
obscenas no puede competir con la sutileza y la perversidad
de la obscenidad mediática respecto a la que se suponen críticos.
Fuera de la órbita limitada del arte, las nuevas redes de
comunicación no sólo no limitan sino que posibilitan la libre
circulación de esta fantasmatización. Frente a ella, convendrá
introducir la experiencia deconstructiva de estas fantasmáticas
en todos los grados de la enseñanza. Pues, como habrá afirmado
Francesco Lo Savio, "lo que ya no se mide, se utiliza como medida".
Les invito a deconstruir fantasmas en nuestro paisaje mediático
para, en la dirección de no ya de una cura, pero sí de una resistencia,
nos identifiquemos con divertidos cazafantasmas.
Notas
1. Cfr. MELZACK, Ronald: Miembros fantasma Investigación
y Ciencia. Junio. 1992. pp. 72 ss.
2. LACHAUD, Denise: El infierno del deber. El discurso del obsesivo.
Del Serbal. Barcelona. 1998. p. 142
3. HARARI, Roberto: Polifonías. Del arte en psicoanálisis.
Del Serbal. Barcelona. p. 105
4. FREUD, S-JUNG, C.G.: Correspondance. Gallimard. París,
1975. p. 283.
5. LACHAU, Denise. op. cit. p 197
6. Desde una definición estricta o disciplinar, no podría
hablarse de "arte prehistórico", "arte
egipcio", "arte griego", o "arte de los
dogón"
pues en tales contextos culturales
no aparece una noción semejante o asimilable a la occidental/moderna
de "arte". En este mismo sentido, la antropología
maneja el término "cultura" que incluye todo
tipo de manifestaciones, de prácticas, incluídas
las propias de la "alta cultura", pero también
las imaginería popular, la propaganda, el deporte, el
mercado, etc
7. Thomas W. Laqueur, "Amor veneris, vel dulcedo appeletur",
p. 94
8.
Como el cirujano Henry de Mondeville y Guy de Chauliac,
que afirmaban: «El aparato reproductor en las mujeres
es como el de los hombres, sólo que invetido; el útero
es como un pene invertido o metido dentro» cit. Caroline
Walker Bynum, p. 191
9. Cfr. BETTELHEIM, B.: Symbolics Wounds. Collies Books. Nueva
York. 1962
10. Cfr. SURACI, Patrick: Male Sexual Armor. Irvington Publishers.
Inc. N.Y. 1992.
11. Cfr. FROMM, E.: The Forgotten Language. 1951. Cfr. DUNDES,
A.A.: A psycoanalitic Study of the Bullrower. 1976
12. Cfr. MONTRELAY, M.: L´Appareillage.
13. LACAN, J.: La relación de objeto. Seminario. p. 154.
14. "Decir que le falta la falta es también, después
de todo, decir que ella añora la falta
ya que no
añora la fata de la falta. Sí, dicen , pero el
asunto es que "a ella le falta la Falta", la Falta,
falta del Falo" CIXOUS, Hélen: Castration or Decapitation?.
en V.V.A.A.: Out There. Marginalization and Conttemporary Culture.
New Museum of Contemporary Art. N.Y. 1991. p. 349
15. SOLOMON-GODEAU, Abigail. cit. en SILVERMAN, Kaja: Male Subjetivity
al the Margins. p. 71.
16. HEATH, Stephen: Male Feminism. En JARDINE,A. & SMITH,
P. (eds.): Men in Feminism. Routledge. Londres. 1987. pp. 7-8
17. MONTRELAY, Michéle. Intervención en las Journées
de l´Ecole Freudienne. París Lille, 1977. Letters
de l´Ecole Freudienne, nº 22 (Marzo 1978), p. 144.
18. "En demasiado pensamiento feminista de las últimas
décadas, el pene ha sido definido como un instrumento
de intimidación, agresión, violación y
destrucción" PAGLIA, Camille: The Year of the Penis.
p. 4.
19. KENT, S. cit. por PAGLIA, Camille: The Year of The Penis.
Op. cit. p. 11
20. Assisi, 1992
21. Según la ilustre fórmula lacaniana, lo necesario
es lo que no/cesa/de/ser enunciado. La repetición sería
condición de posibilidad para la necesidad.
22. Cfr. PAGLIA, Camille: Sexual Personae.
23. Cfr. DETIENNE, M. y SISSA, G.: La vida cotidiana de los dioses
griegos.
24. La Catedral de Trasacco (Sgl. XIV), en la provincia de Aquila,
tiene dos portales, uno de los cuales se llama "el portal
de los hombres", porque por ahí entraba éstos
a la iglesia. Del centro de la parte superior, entre volutas
floreadas, cuelga un pene de notables dimensiones que pertenece
a una figura esculpida en la clave del arco. A la izquierda,
a la altura de los ojos del que entra, se ve otra figura femenina,
agazapada, con las piernas separadas y mostrando sin ningún
pudor su vagina. Este tipo de figuras son comunes en Puglia,
o en Módena. En Todi puede contemplarse la figura de
un monje frente a la de una monja. Si se mira con atención,
se ve claramente que una de las espirales que sube por un lado,
gira y baja por el otro lado del portal, es el falo del monje,
que describe todo el semicírculo y llega hasta la vagina
de la monja.
25. Un caso interesante se encuentra en Città di Castello,
en la iglesia de la cofradía de San Antonio Abad. A la
izquierda de su único y gran rosetón, brotaba
hasta hace unos treinta años un enorme falo. Estaba allí
desde hacía siglos y las mujeres venía a rezar
bajo su sombra para obtener fertilidad, y los goliardos de la
vecina Perugia venían a coronarlo con guirnaldas. Tras
la segunda guerra mundial, alguien se encargó de abatirlo
varias veces, y aunque fue siempre reconstruido por un artesano
lugareño, tras su muerte, ha quedado roto, casi invisible.
26. Algunos ejemplares se conservan aún en el British Museum.
27. Cfr. JACOBELLI, Maria Caterina: : Risus Paschalis. Planeta.
1991. p. 49
28.
En el primero de los Capitula Synodica, Hincramus recomienda
vivamente a sus sacerdotes que al menos aprendan el credo y
el Pater
29. Así lo sugiere un fragmento de la Divina Comedia de
Dante:
"No tiene Florencia tantos Lapo y Bindo
cuantas fábulas hechas por año
en púlpito se gritan aquí y allí (
)
No dijo Cristo en su primer colegio:
"Id y predicad al mundo indecencias"
pero les dio veraz argumento; (
)
se va con bromas y payasadas
a predicar, y con sólo que bien se rían
hincha la capucha y más no se pide"
30. Cfr. JACOBELLI, M.C.: op. cit. p. 58
31. "el día de la resurrección del Señor,
continiator quidam Wablingensis pidió -siguiendo la usanza
de inserir algunas bromas y facecias en el sermón, sobre
todo aquél día -que el que entonara el carmen
triunfal de nuestro Salvador fuera un hombre en cuya casa mandara
él y no su esposa. Pero como durante largo tiempo no
hubo manera de encontrarlo, exclamó: "¡Por
la fe de los dioses y de los hombres! ¿Acaso se ha reblandecido
tanto en todos vosotros el ánimo viril que ninguno manda
virilmente?" Finalmente, movido por la indignidad del asunto,
uno comenzó [a cantar] y al terminar todos los hombres
lo condujeron a un convite, de común acuerdo, como si
fuera el vengador del honor viril, y lo trataron con enorme
liberalidad y respeto, porque había mantenido alto el
honor y la dignidad de todos los hombre. En el año 1506,
un fraile de la orden de los predicadores hizo lo mismo en un
monasterio a orillas del Danubio. Pero como ningún hombre
quería empezar, ordenó que comenzara la mujer
que mandaba en su casa. Y empezó la pelea por la primacía"
BEBEL, H.: Schwänke, 1561, n. 21. Cit. en p. 30 JACOBELLI,
M. C.: op. cit. p. 30
32. Una carta fechada en marzo de 1518, con el título De
risu paschali, Oecolampadii, ad V. Capitonem Theologum Epistola
apologetica. Ecolampadio, siendo aún sacerdote católico,
soportó fuertes críticas por su modo de predicar.
En la carta habla genérica de sus opositores, pero después
acaba refiriéndose siempre a una sola persona, a la que
llama con desprecio gelioasés noster (nuestro repugnante
fantoche), y que habría sido el responsable de las críticas
contra Ecolampadio ante Capito, por ser un predicador demasiado
serio. También Capito era predicador en la catedral de
Basilea. La disputa trataba de la risus paschalis. Así
lo expresa Capito: "El motivo [por el que se critica a
Ecolampadio] es que éste no aterroriza con la voz y con
el tumulto de los gestos a las mujercitas (
) ni con fingidas
amenazas, ni con trueno Salmoneo. Además, en ligar de
ser válido, es decir, de contar chascarrillos y hacer
bromas tomados en préstamo en las cocinas, renuncia obstinadamente
a hacer tales cosas. No empuja a los oyentes a reir desenfrenadamente
mientras anunica a Cristo ni bromea con palabras oscenas, ni,
imitando a uno que se masturbe -como un histrión-, presenta
a la vista cosas que los cónyuges suelen ocultar en su
dormitorio y que conviene hacer sin testigos"
33. En el episodio de HATOR, en el papiro Chester Beatty, se lee
cómo el gran dios sol Ra-Harakhti, ofendido con el dios
Baba "se echó boca arriba y su corazón estaba
gravemente herido. La Eneada divina salió fuera y dirigió
gritos terribles hacia el rostro del dios Baba diciéndole:
"¡Véte! El delito que has cometido es abominable!"
Y [los dioses] se retiraron a sus tiendas. Entonces el dios
grande pasó todo un día echado boca arriba en
su tienda y su corazón estaba muy afligido y permaneció
solo. Pero al cabo de un largo tiempo vino Hator, la Dama del
Sicomoro Meridional, se puso frente a su padre, el Señor
del Universo, y dewscubrió su sexo frente a él.
Y el gran Dios rió. Se alzó y [nuevamente] se
sentó con la Eneada divina, y dijo a Horus y a Seth:
"¡Hablad, pues!" (cit. por JACOBELLI, M.C.:
op. cit. p. 93)
34. Cfr. SCHNEIDER ADAMAs, Laurie: El motivo del Sol. en Arte y
psicoanálisis. Cátedra. Madrid. pp. 161-170
35. IRIGARAY, L.: The Sex that is not One. p. 352
36. Cfr. FENICHEL: Psychoanalytic Quarterly, Vol. XVIII, nº
3. 1949. Cfr.LACAN, J.: La relación de Objeto. Seminarios.
p. 169.
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